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Remesas se convierten en una estrategia familiar para sobrevivir a la crisis nacional PDF Imprimir Correo
11-05-2018 a las 11:13:17

Aunque el envío de divisas desde el exterior permite a los venezolanos contrarrestar los efectos de la hiperinflación y el debilitamiento de los sueldos, especialistas afirman que los controles oficiales incentivan la desigualdad social


Laura Nieto Carrillo

Foto: Archivo

 

El número de venezolanos migrantes aumenta diariamente. Aunque no existen datos oficiales, se calcula que, tan solo entre 2012 y 2017, 815 mil ciudadanos habían emigrado del territorio nacional, según cifras de la Encuesta de Condiciones de Vida, Venezuela 2017 (Encovi), presentada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad de los Andes (ULA) y la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

 

Ante la crisis económica, política y social que afecta a la población, son miles los que han decido probar suerte en otras naciones del mundo para lograr una mejor calidad de vida. Sin embargo —dentro o fuera— muchos continúan atados a las circunstancias que se viven en Venezuela.

 

Un estudio realizado por la firma Consultores 21, intitulado Perfil 21: Servicio de análisis del entorno, estimó que un 40 % de los emigrantes ayuda económicamente de manera regular a sus parientes que residen en el país; mientras que un 28 % lo ha hecho alguna vez, un 21 % lo tiene previsto, un 10 % no lo tiene previsto y solo un 2 % de los encuestados no sabe y no responde.

 

Aunque los motivos para establecerse fuera de las fronteras son diversas, 63 % de los encuestados por Consultores 21 respondió que su principal razón para emigrar es la situación económica nacional, cifra que se vincula directamente con el 67 % registrado en la Encovi que dice haber emigrado principalmente para buscar trabajo y con el 9,7 % de los hogares venezolanos que se identifican como perceptoras de remesas en el informe publicado por la ULA y la UCAB.

 

Para el sociólogo e investigador del Centro de Estudios Sociológicos y Antropológicos de la Universidad del Zulia (LUZ), Luis González Oquendo, si bien el ingreso de divisas a través de las remesas —así como su buen uso— ha influido positivamente en el desarrollo de diversos territorios del mundo y en la disminución de los niveles de pobreza, en Venezuela el escenario es distinto.

 

Con los controles del Estado y la ausencia de políticas públicas acertadas, el impacto de las remesas transciende de lo económico para influir, incluso, en el contexto social: la disminución de la capacidad adquisitiva de bienes y servicios básicos para los ciudadanos asalariados, generada debido a los altos índices de hiperinflación —situada en 13.779 % para abril de 2018 según la Asamblea Nacional— y el desabastecimiento —que para enero de 2018 se estimaba en 80 % según Consecomercio—, ha producido que una porción de las familias venezolanas encuentre en las remesas una alternativa para subsistir.

 

«En Venezuela, estamos empezando a experimentar el tema de las remesas de manera masiva. Siempre ha habido envíos desde el exterior a personas o familiares aquí; el detalle está en que la situación de las condiciones de vida, la tasa de inflación, la caída del valor de los salarios, ha llevado a que se convierta en una estrategia de los grupos familiares para incrementar su calidad de vida», afirma el sociólogo González Oquendo.

 

¿Contribución o dependencia?

 

El fortalecimiento del control cambiario y, en consecuencia, la desproporcionada relación entre la oferta y la demanda de divisas convierten a las remesas en una fuente de ingresos de gran importancia para los hogares del territorio. Ante las políticas públicas destinadas a fiscalizar la entrada y salida de monedas extranjeras, así como su tasa cambiaria, surge un mercado paraleloque ofrece a los ciudadanos una oportunidad para maniobrar el constante incremento de la hiperinflación, al convertirse en una alternativa complementaria a sus debilitados sueldos y salarios.

 

Así, para algunos venezolanos contribuir a ofrecer una mayor calidad de vida a sus allegados en el país mediante el envío de divisas desde el exterior se convierte en una opción atractiva. «El rentismo usualmente se asocia a la renta petrolera; pero, en términos generales, corresponde a un ingreso que no deriva de esfuerzos productivos. Eso ha llevado a que se tienda a ver a las remesas como una especie de renta; es decir, dependen de un trabajo que está realizando alguien fuera del país, pero no dentro de Venezuela. Sin embargo, no es una cuestión moral. La gente tiene todo el derecho del mundo de contribuir con su familia», señala el investigador del Centro de Estudios Sociológicos y Antropológicos de LUZ.

 

En los aeropuertos y terminales, son múltiples los grupos familiares que experimentan el sacrificio de ver partir a alguno de sus miembros en pro de mejorar el estilo de vida de quienes deben mantenerse dentro de Venezuela. Tal es el caso de Daylín Márquez.

 

Al igual que cientos de ciudadanos que han visto a sus parientes directos migrar, en enero de 2018, Márquez despidió a su madre y asumió la responsabilidad de convertirse en la cabeza de su hogar. «Mi mamá se fue a Perú sin empleo, pero dispuesta a buscar un trabajo que le permitiese enviarnos a mi hermano y a mí dinero porque, siendo una profesional con experiencia, su salario en el país era insuficiente. Ahora, aunque yo vivo en Maracaibo, debo velar por mi hermano, que está en Mérida. Cambian los roles y las responsabilidades. Es difícil para todos».

 

Para Luis González Oquendo, este nuevo fenómeno tiene sus antecedentes en los casos centroamericanos y, específicamente, en el de México, donde se ha encontrado que la migración de sus habitantes para enviar dinero a parientes en el país es parte de las tradiciones y costumbres sociales.

 

«Gran parte de las familias venezolanas está viviendo de esos allegados o familiares en el exterior porque los sueldos y salarios no alcanzan para cubrir la cesta básica alimentaria para la manutención de una familia de 5 personas. Inicialmente, lo que podía ser una decisión puramente individual —aunque no significa que hoy no lo sea—con los años termina convirtiéndose en una estrategia familiar. Las familias reconocen eso como una opción posible y envían dinero a uno de sus miembros», sostiene.

 

En consecuencia, el economista, investigador y profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de LUZ, Alberto Castellanos, explica que se produce un impacto psicológico y social importante. «Hay mucha gente dejando a sus padres o a sus hijos, a sus esposos o esposas, para tener ingresos extraordinarios que les permitan subsistir en Venezuela. Desde el punto de vista psicológico, está la separación de la familia. Esta ruptura familiar, la ruptura de las familias venezolanas, influye en lo psicológico y social».

 

 
  Foto: Archivo
Brecha social en aumento

 

El ajuste de precios en el sector comercial se realiza diariamente. Junto al proceso hiperinflacionario que atraviesa Venezuela y la devaluación de la moneda nacional, el aumento en la relación oferta y demanda de divisas para la adquisición de bienes importados, contribuye al alza del valor de los productos básicos y de los servicios. Para el venezolano de a pie, cada vez es más común realizar compras transadas «a precio dólar».

 

«Ya se están haciendo ajustes de precios y esto supone que ya la gente que vende algún producto u ofreciendo bienes y servicios está empezando a cotizar en dólares para tratar de captar la disponibilidad de divisas que tienen algunos individuos», expone Luis González Oquendo. Sin embargo, para el sociólogo, el problema es que «no todos tienen a alguien que le envié dinero desde el exterior. Por lo tanto, eso genera desigualdad entre los diversos núcleos familiares, entre aquellos que tienen la posibilidad de acceder a las remesas y aquellos que no».

 

En concordancia, para el profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Gustavo Machado, se genera un importante nivel de diferenciación en la sociedad venezolana: en medida de que los suelos y salarios se estacan, el sistema productivo se debilita y la tasa de cambio ilegal aumenta indiscriminadamente el valor de la canasta básica —en su mayoría integrada por mercancía importada—, para el trabajador nacional sin capacidad de percibir remesas subsistir se convierte en un reto cada vez más difícil, a diferencia de aquellos que recurren al intercambio de sus ingresos en divisas a través de transacciones en el exterior a precio del mercado paralelo.

 

Alternativa contra la crisis

 

El atractivo de realizar estas transacciones contrasta fuertemente con la oferta salarial que realizan las instituciones públicas y privadasa los profesionales en Venezuela. De esta manera, frente a la oportunidad de participar en el desarrollo del sector productivo, el acceso a divisas o el resultado de su intercambio a bolívares estimula—en cambio— la incursión de los actores económicos en la comercialización de bienes y servicios, así como en la actividad especulativa.

 

Gustavo Machado advierte que «los ciudadanos van a tratar de vender la divisa en el mercado donde, en el ámbito económico, se pueda adquirir más ganancias; y, como consecuencia de eso, se disminuye el esfuerzo, las energías, que podrían estar dedicadas a la generación de bienes y servicios».

 

En efecto, también el investigador del Centro de Estudios Sociológicos y Antropológicos de LUZ, Luis González Oquendo,argumenta que, si bien no todas las personas que están recibiendo remesas se encuentran fuera del sistema productivo, este ingreso se puede convertir en una inversión capaz de generar mayores beneficios económicos a los ciudadanos para maniobrar la crisis.

 

«La gente está recibiendo remesas para comprar mercancía y venderla a precios más altos; las cotizaciones se hacen en dólares.Cada vez es más rentable y menos riesgoso dedicarse a comerciar cosas que a producirlas, contando con que la comercialización en el país no solamente se está realizando por vías legales, sino que también existe un mercado negro e ilegal que incrementa aún más la rentabilidad», asegura González Oquendo.

 

A favor del buen uso de las remesas

 

La inversión de las remesas —en oposición a su uso exclusivo para el consumo de bienes y productos básicos— constituye un factor que influye positivamente en el desarrollo de las naciones. De hecho, la entrada de remesas y la implementación de políticas públicas orientadas a promover su «buen uso» ha contribuido al progreso de países como México, Colombia, Bolivia y Ecuador. No así ocurre en Venezuela.

 

Para el profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas y Social de LUZ, Gustavo Machado, las remesas no están significando una entrada de divisas al territorio nacional debido a los controles impuestos por el Estado. «Lo que está ocurriendo es el procesamiento de divisas entre cuentas del extranjero que son cambiadas por bolívares en cuentas nacionales. Por eso es que, a pesar de la importante asistencia de quienes viven en el exterior y que hacen aportes a sus familias, no vemos un fortalecimiento de las reservas internacionales».

 

Solucionar tal escenario, supone —dilucidaMachado— en primer lugar, que el Estado atienda el tema de la hiperinflación, implementar una unificación cambiaria, plantear un tipo de cambio libre y promulgar medidas que faciliten una distribución más equitativa del ingreso.

 

La alternativa —sugiere—es buscar el apoyo de los mercados financieros internacionales para obtener mayor cantidad de divisas apreciables, legalizar el mercado paralelo e inyectárselas nuevamente para incrementar la oferta y que se empiece a observar bajas en los precios. «Ese será el tema a tratar, en los próximos años, en la economía venezolana; cómo se realiza la unificación cambiaria de manera que le facilite a las familias el manejo de su presupuesto. Una vez que se tiene ese cronograma, estás enviando un mensaje muy claro a los agentes económicos: quien quiera hacer fortuna en Venezuela tiene que generar productos y servicios, no tratar de conseguir dólares baratos para venderlos caros», asevera.

 

Para el profesor de la Universidad del Zulia, a efectos de la recuperación del país, no va a bastar, por tanto, con la implementación de políticas públicas; será necesario también incentivar la consciencia y la responsabilidad ciudadana.«El deterioro de la situación macroeconómica básicamente está implicando que los agentes económicos que estén presentando malas acciones al tomar decisiones. La idea debería ser generar un ambiente propicio para que se puedan tomar decisiones entre buenas alternativas y no entre malas», concluyó.





Última actualización ( 28-05-2018 a las 10:21:11 )
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