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Venezuela: ¿un país no apto para niños, niñas y adolescentes? PDF Imprimir Correo
07-07-2017 a las 11:58:31

Frente a la crítica coyuntura política, social y económica que experimenta la nación venezolana y sus repercusiones psicológicas, aparece una generación de infantes y jóvenes que no pretende quedarse callada


Laura Nieto Carrillo

 

Miedo, frustración y angustia se disipan con la admiración a la rebeldía que brota tras escudos de cartón y un «Yo soy libertador» escrito a grandes trazos con tinta indeleble. En Venezuela, son miles los niños y jóvenes que renuncian a juegos y libros para sumarse, aun cuando no les corresponde, al debate ideológico y a una causa que promete devolverles la oportunidad de vivir plenamente en el país, pero que de momento les arrebata la posibilidad de disfrutar, sin mayor estrés más que el propio de la edad, los primeros años de su vida.

 

 
Foto: Archivo  
«Estamos viendo situaciones de agresividad que son consecuencias de lo que ocurre. Parece que hay poca tolerancia. Ante cualquier cosa se alteran, se molestan y agreden al otro. Otra consecuencia que puede traer todo esto es que a hay una sensación de desesperanza que en los chicos es grave», explica Carolina Montero, psicóloga escolar y especialista en derechos infantiles.

 

Dentro y fuera de los hogares, se manifiestan los síntomas provocados por la convulsión política, económica y social de la nación. Estrés, angustia excesiva, frustración, ansiedad, intolerancia, negatividad e irritabilidad marcan el día a día de los infantes que, incluso sin comprender plenamente las circunstancias de su alrededor, ven trastornado sin remedio el desarrollo normal de sus actividades formativas y recreativas.

 

«En el caso de los alumnos en edad escolar, ellos no entienden qué está pasando, por qué no pueden ir a la clase de fútbol, al colegio o simplemente salir. Es algo que, aun cuando pueden estar escuchando que tiene que ver con la situación actual, está fuera de la rutina y les distorsiona la realidad».

 

En lo que respecta a la repercusión en el desenvolvimiento de sus principales actividades diarias, la formación académica sufre duros contratiempos. El último periodo del cronograma escolar 2016-2017 estuvo marcado por un alto índice de inasistencias, reducción de horarios y la suspensión de actividades en instituciones ubicadas cerca de zonas de conflicto y centros de convocatorias populares; lo que disminuyó la presencia de los chicos en las aulas e imposibilitó que, mediante juegos y otras actividades recreativas con sujetos de las mismas edades, pudiesen distraer su atención de los conflictos de su entorno. 

 

«Las rutinas se vuelven distintas porque empiezan a enviarles material por internet por lo menos para evaluarlos y que puedan avanzar de grado. Esas son buenas soluciones, pero no deja de ser agobiante para ellos porque eso no es lo que quiere hacer; ellos quieren jugar con sus amigos, ir al colegio, estar en un recreo», advierte Montero.

 

En ese sentido, no es de extrañar que adolescentes y adultos jóvenes decidan sumarse a la lucha que con especial ímpetu, desde el 1 de abril de 2017, pretende exigir la restitución del hilo constitucional en Venezuela. Esto tras la emisión de las sentencias N.° 155 y 156 por parte de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia el 28 y 29 de marzo de 2017.

 

Para la experta, la historia de la independencia atribuye un peso simbólico en los jóvenes de convertirse en los grandes salvadores de su tiempo, por lo que «no es casualidad que se esté utilizando estratégicamente ciertas frases en las camisas como traje de independencia. De alguna forma es idealizar históricamente lo que ha hecho a Venezuela un pueblo de libertadores, lo que es preocupante porque los chamos lo ven así y ser héroe es exponerse a morir, es decir, aceptar que la realidad sea más la muerte que la vida».

 

En efecto, los hechos de violencia suscitados a lo largo del territorio, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, han dejado un saldo total de 108 fallecidos, entre ellos 12 menores de edad, para el cierre de esta edición. De ahí que, el 18 de abril de 2017, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) publicara un llamado al gobierno de Nicolás Maduro y al bloque opositor para reiterar la protección y los derechos de la niñez y la adolescencia «en todo lugar y en todo momento», considerando que su bienestar psicológico, integridad física y su desarrollo, más que nunca, se encuentran en peligro.

 

Hoy el discurso de los niños expone el nacimiento y la consolidación de una nueva generación de prematura consciencia política, azotada por el duelo y desorientada ante la visión de escenarios a futuro desesperanzadores.

 

«Uno siempre les aumenta la esperanza de que esto va a cambiar, de que los que están afuera van a regresar. Es ahí donde tenemos que afincarnos; no alimentar la desesperanza, la catástrofe ni el mal momento, sino más bien prepararlos para que más adelante ellos tomen las riendas de reconstruir todo esto. La idea no es que abandonen», sostiene Karleana Semprún, docente universitaria y psicóloga especialista en atención clínica y escolar.

 

  
  Foto: Ernesto Pérez
Infancia robada 

 

Las dificultades que experimenta el Estado venezolano afectan a la población sin ningún tipo de límites generacionales. Según el último Boletín Epidemiológico N° 52, correspondiente al año 2016 y publicado por el Ministerio del Poder Popular para la Salud el 9 de mayo de 2017, los índices de mortalidad infantil aumentaron en un 30,12 % en relación al 2015. Mientras que, un estudio de la organización sin fines de lucro Caritas Venezuela reveló que más del 28 % de los niños en el país sufren de desnutrición moderada y severa, y en un 9 % existe el riesgo de enfermar o morir.

 

La incidencia de los altos niveles de escasez, entre un 50 % y 80 % en rubros básicos, y de inflación, superior al 600 %, registrados por la Fundación Bengoa para la Alimentación y Nutrición ?en colaboración con el Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela, el Observatorio Venezolano de la Salud, la Fundación 5 al día, el Colegio de Nutricionistas y Dietistas de Venezuela y el Centro de Investigaciones Agro-Alimentarias de la Universidad de Los Andes? repercuten con fuerza en la calidad de vida de las familias venezolanas y transforman completamente las expectativas propias de la ingenuidad y la ilusión infantil.

 

En consecuencia, a los niños y adolescentes del territorio les ha correspondido atender a conceptos complejos y situaciones ajenas a los intereses propios de su edad para comprender las circunstancias que se viven a su alrededor; y es que, como nunca, se desintegra la idea del hogar como un espacio donde los infantes encuentran seguridad ante las amenazas externas. De ahí que los síntomas que se observan en los niños y adolescentes son solo el reflejo de un malestar que nace en el núcleo mismo de la sociedad venezolana.

 

«Los niños son siempre la población más vulnerable porque se dejan llevar por lo que dicen y hacen los adultos; responden a eso. Si los adultos están angustiados, ellos se angustian. Si los adultos están tranquilos, ellos están tranquilos. Además, repiten lo que escuchan, entonces las declaraciones que se hacen en el contexto social y familiar ellos más adelante las van a reproducir», indica Semprún.

 

Prematuro despertar político

 

En concordancia con los principios establecidos en la Convención de los Derechos del Niño de 1989, la Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente, publicada en la Gaceta Oficial N° 5266 Extraordinario de fecha 2 de octubre de 1998, concede en sus artículos 35 °, 39 °, 67 °, 80 °, 81 °, 82 °, 83 °, 84 °, 85 °, 86 °, 87 °, 88 °, 89 °, 91 ° y 222 ° a los infantes y jóvenes del país las herramientas y garantías jurídicas para manifestar con total libertad, junto a los suyos, sus creencias y doctrinas.

 

Atendiendo a tales derechos y pese a la posible falta de argumentos concisos y la carencia de una plena consciencia sobre los acontecimientos, niños de edad escolar se sumergen en el debate generado por la opinión pública sobre los hechos violentos y la caótica agenda política que incentiva la ola de protestas y manifestaciones de la oposición venezolana.

 

Esto no solo producto del bombardeo informativo de los medios de comunicación y las medidas en materia de educación impuestas por el ejecutivo nacional, sino también por el modelo conductual que copian en sus padres y familiares, ya que «si yo veo que mi papá y mi mamá salen a trancar una calle, yo también quiero ir a hacerlo», afirma Karleana Semprún.

 

De esta manera, adoptan precozmente la concepción de una corriente ideológica que termina por exponerse en el discurso adoptado para responder a los acontecimientos del día a día, generando en algunos casos el despertar de sentimientos de odio y rabia totalmente irracionales contra destacadas figuras públicas, entes del Estado, actores sociales e incluso el país mismo.

 

Frente a las antiguas generaciones de niños y niñas políticamente pasivos que hicieron vida en Venezuela durante las últimas décadas, aparece finalmente un individuo formado desde pequeño en este aspecto, medianamente preparado para la discusión de temas de coyuntura nacional e internacional y con tendencia a desarrollar cierto liderazgo entre sus compañeros.

 

Para Carolina Montero, psicóloga escolar, el adolescente de 2017 no es el mismo de 1990. «Los de hoy tienen un desarrollo y una perspectiva mucho más profunda de lo que tiene que ver con el patriotismo, nacionalismo y su concepción política y social de la realidad; pues, independientemente de la situación, tienen una capacidad que les ha permitido desarrollarse y ser más responsables». 

 

El problema, explica, se produce, cuando ante la volatilidad y la imperiosa necesidad de adelantarse a los acontecimientos, el joven, lleno del frenesí por querer hacer algo más, sale a la calle sin modular ni medir que se pueden encontrar con la muerte. «Hay un tema con los adolescentes porque cree que nada le va a pasar, cree que siempre tiene la razón, que las cosas son como él y sus amigos dicen».

 

Nos es casualidad que miles de chicos se estén lanzando a la calle y que el saldo de fallecidos y heridos menores de edad sea tan alto, así como tampoco el gran duelo que une a la nación cada vez que uno de estos cae. «Los jóvenes han adoptado el mismo ideal que motiva a sus padres, el de luchar por sembrar, a toda costa, el país que ellos quieren», manifiesta Semprún, docente universitaria y psicóloga especialista en atención clínica y escolar.

 

Repercusiones favorables

 

Si bien las excepcionales circunstancias políticas y sociales actuales exigen al infante y al joven venezolano moderno, en algunos casos, crecer con rapidez y afrontar con madurez los acontecimientos ?asumiendo el rol de corresponsable e incitándolo a suplir y contribuir, por ejemplo, en la solución de las carencias del hogar mediante la adopción de nuevas responsabilidades?, Montero sostiene que el futuro se vaticina bastante prometedor.

 

«Los chamos trabajan para conseguir lo que quieren o saben que si ellos quieren comprar deben hacer algo por ellos mismos. Los ves haciendo más cosas, más productivos y con más ingenio», comenta, «eso es algo que hace 20 años no se hubiesen planteado».

 

Contra el debilitamiento de los valores individuales y colectivos que hoy atañen al contexto venezolano, empieza a formarse un individuo mucho más consciente de su compromiso social, astuto, creativo y sabio, con la capacidad de transformar y mejorar el entorno más allá de los errores que percibe en la actualidad.

 

«Para ello, es necesario que profesores y padres expliquen la situación. Es momento para dar información, de crear espacios para el acercamiento familiar y aclarar dudas sin saturarlos de información», aconseja.





Última actualización ( 07-07-2017 a las 14:35:19 )
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