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Decadencia de las plantas de tratamiento de agua: un peligro para la salud pública PDF Imprimir Correo
09-06-2017 a las 12:12:54

Enfermedades de origen hídrico, como la amibiasis, las diarreas y la fiebre tifoidea, han aumentado entre un 1 % y un 3 % en todo el país según el último Boletín Epidemiológico presentado por el Ministerio del Poder Popular para la Salud


Laura Nieto Carrillo

 

 

La crisis sanitaria amenaza con acentuarse en el estado Zulia. Líquido turbio entra y sale por las tuberías de los hogares distribuidos a lo largo de los 21 municipios que forman la región, pues nada parece inmutar ya a los ciudadanos. Ollas, cloro y filtros caseros poseen un lugar fijo en las cocinas. El agua hierve —20, 30 y 45 minutos—, pero no es suficiente; junto a la comida, los vasos acumulan sedimentos en el fondo, mientras que las cifras epidemiológicas reflejan un aumento de hasta 3 % en el diagnóstico de enfermedades de origen hídrico, según el Boletín Epidemiológico correspondiente al período del 25 al 31 de diciembre de 2016, publicado el 9 de mayo de 2017 por el Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS). 

 

Lo mismo ocurre en el lago de Maracaibo. Las profundidades del más grande sistema hidrológico del país alberga millones de compuestos químicos altos en nutrientes y elementos tóxicos que, no solo exponen a su ecosistema a un gran proceso degenerativo, sino también que impactan directamente en la calidad físico-química de las aguas, contribuyendo de la misma manera a la reproducción de organismos patógenos trasmisibles por contacto directo y a la decadencia de las actividades comerciales propias de las zonas costeñas.

 

El decreto sobre las Normas para la Clasificación y el Control de la calidad de los Cuerpos de Agua y Vertidos o Efluentes Líquidos, publicado en la Gaceta Oficial Extraordinaria 5.021 de 1995, sostiene que «es deber del Estado la protección de las cuencas hidrográficas, la clasificación y el control de la calidad de los cuerpos de agua y el control de los vertidos o efluentes líquidos susceptibles de degradar el medio acuático y alterar los niveles de calidad exigibles para preservar y mejorar el ambiente».

 

  
Foto: Archivo  
No obstante, hoy al fenómeno de escasez de agua potable, se suma el declive de los sistemas para el tratamiento de aguas residuales provenientes, tanto de las actividades comerciales y agrícolas realizadas en la región, como de las zonas urbanas establecidas de manera «descontrolada, irracional y sin ningún tipo de control» en su interior y cerca de sus límites geográficos; hecho que se origina, apunta Ausberto Quero, representante de la comisión del ambiente del Centro de Ingenieros del Estado Zulia (Cidez), debido a la falta de mantenimiento, inversión y manuales de operación.

 

«En general, casi el 30 % de los sistemas de tratamiento, de los 28-30 que existen en toda la cuenca, están casi inactivos, es decir, casi parados totalmente. Y lo otro es que apenas un 30-35 % de las plantas están operando. Entonces incluso podemos decir que los sistemas que tiene Maracaibo están prácticamente a ‘rueda libre’, como lo llama uno, o sea los afluentes caen de las cloacas y se vierten directamente al lago sin ningún tratamiento, ni físico ni químico», explicó el ingeniero, quien agregó que realmente «esto para mí ha sido falta de capacidad, de gerencia para dar directriz y una mayor potencialidad, en el caso del agua, para ser reutilizada».

 

El servicio más caro es el que no se tiene

 

«El descenso ha sido paulatino», así describe Quero el proceso degenerativo de los sistemas de tratamiento de aguas servidas en el Zulia, responsables de que actualmente se viertan entre 9 y 10 metros cúbicos de fluidos contaminados directamente al estuario de Maracaibo. «La cuestión es que todo sistema colapsa con el tiempo».

 

  
Foto: Archivo  

Entre 15 y 20 años, denuncia el especialista, transcurren desde que se realizaron las últimas inversiones significativas para la conservación de las redes de tratamiento ubicadas en la Costa Oriental, Costa Occidental y el Sur del Lago. «No hay un mantenimiento en las plantas de tratamiento, además de inoperatividad. Lo que tiene ver con el mantenimiento propio de los sistemas no está funcionando tampoco».

 

Sin embargo, la situación actual de los servicios para la optimización de las aguas es solo el reflejo de una serie de problemas que nacen más allá de los ciclos del proceso. Para Lenín Herrera, ingeniero químico e investigador de la Universidad del Zulia (LUZ), el deterioro de las cloacas, colectores y las estaciones de bombeo deben ser los principales aspectos a trabajar si realmente se quieren superar las vicisitudes, ya que «si no llega el agua, no hay nada que tratar».

 

«La solución es que se haga la inversión para rescatar todas las estaciones de bombeo, que fueron una inversión multimillonaria que se hizo en los años 90, y una vez que estas estén funcionando, congruamente, rescatar la infraestructura de la Planta Sur y proceder con los sistemas de tratamiento del norte de Maracaibo; rehabilitar el uso de agua servidas en Pequiven, en el proyecto Reutilización de Aguas Servidas, que está trabajando a media máquina. Esas son las medidas que se pueden adoptar inmediatamente, sin inversiones tan grandes», sostiene.

 

  
Foto: Luis Gerardo Petit  
En ese sentido, Marcelo Monnot, presidente del Cidez, explica que la responsabilidad sobre las instalaciones está principalmente entre Hidrolago y el Ministerio del Ambiente, luego de haber sido sometidas a un proceso de centralización que terminó por reducir el rol del Instituto para el Control y la Conservación de la Cuenca del Lago de Maracaibo (Iclam) solo al de supervisor de los mecanismos y maquinarias que las componen. No obstante, pese al reajuste en la administración de los sistemas hidrológicos del estado y la crítica situación que vive su población, los delegados de las instituciones permanecen enmudecidos.

 

En consecuencia, la Asamblea Nacional, a través de la Comisión Mixta Especial para Investigar la Problemática del Agua —creada el 18 de febrero de 2016 e integrada por las Comisiones Permanentes de Ambiente, Recursos naturales y Cambio climático, junto a la de Administración y Servicios— presentó en abril de ese año el Informe Preliminar Problemática del Agua en Venezuela.

 

En el documento, se manifiesta por primera vez la potestad del comité designado de avocarse a las investigaciones correspondientes para resolver «la grave situación de déficit en el abastecimiento de agua que confronta el país»; al tiempo que se evidencia, entre otras variables, fuertes anomalías, pérdidas y problemas de distribución de los recursos presupuestarios asignados para ese propósito.

 

De modo que, con estas pruebas, se afirma que «el incumplimiento de los cronogramas previstos para la ejecución de obras de infraestructura claves para el servicio, sumado a la ineficiencia para la ejecución de las inversiones, han sido parte de las causas por las que no se pueda sobrellevar de manera adecuada la presencia de situaciones imprevistas».

 

Así mismo, expone la obligación de las empresas de prestación de servicios en red de agua potable y saneamiento de realizar constantemente mejoras para optimizar el servicio y preservarlo; así como la importancia de contar con personal interdisciplinario, calificado y de experiencia, tanto en los cuadros gerenciales como en los niveles operativos y administrativos, para que enfrenten con éxito las complejidades, ya que «la demanda creciente sólo se puede enfrentar con una operación eficiente y un plan de inversiones correcto». La pregunta es, entonces, quién se comprometerá a lograrlo.

 

Las consecuencias

 

El 15 y 16 de marzo de 2017, se produjeron 2 incendios en la Planta de Tratamiento de Aguas Servidas Maracaibo Sur, ubicado en el kilómetro 11 del municipio San Francisco. Según reseña Radio Fe y Alegría, el cuerpo de bomberos de La Cañada de Urdaneta registró llamas de 30 y 40 metros de altura que afectaron 3 de las lagunas de oxidación que integran las instalaciones.

 

Ante lo curioso del acontecimiento y frente a las declaraciones oficiales que pretendían dar explicaciones adjudicando el origen del fuego a la extracción de material ferroso por parte de terceros, el representante de la comisión del ambiente del Cidez denunció que Hidrolago ha abandonado esta planta de tratamiento, por lo que no le extraña que el considerable deterioro que experimenta sea la causa principal de lo ocurrido. «No cortan la vegetación, se enmonta y justamente esto se constituye como un peligro para los mismos trabajadores y los pobladores del entorno, pues esto se convierte en un elemento que, cuando viene el verano, cuando no llueve, es justamente un foco de incendio». 

 

En el caso específico de Maracaibo, el hecho de que los sistemas de tratamiento de aguas potables no logran cubrir al 100 % las necesidades de las 3.704.404 personas que —según el último Censo Nacional de Población y Vivienda, correspondiente al 2011, habitan en la región zuliana— estimula que existan comunidades, barrios y sectores que no tienen acceso a las sistemas para el tratamiento de aguas servidas. «Entonces allí hay que recurrir a los pozos sépticos, con lo cual se contaminan las aguas subterráneas», indicó Quero. Además, los líquidos procesados por las fosas filtran y caen en los afluentes de manera indirecta ¿por perforación y por migración lateral? hacia el lago de Maracaibo.

 

Por otra parte, se presenta no solo una evidente insuficiencia en el número de sistemas que exigen las características demográficas del estado, sino también instalaciones obsoletas, que funcionan de una manera mucho más peligrosa, al estar formadas por maquinaria y artefactos, tan maltratados, que son capaces de fluctuar los líquidos y «mezclar las aguas servidas con las aguas ‘potables’ que llegan por la red de aguas blancas; lo que genera ‘un problema encadenado».

 

De esta manera, expone Quero que, en el caso del Zulia, como los sistemas de plantas de tratamiento no funcionan a cabalidad, se tiene que aplicar más aluminio para promover la decantación de sólidos sostenidos; lo que significa a su vez agregar un ingrediente que podría igual afectar el bienestar de los consumidores. «Entonces, por un lado, se aplica más aluminio para mejorar la apariencia del agua, pero por otro lado también está dando potencialmente un aumento a enfermedades, enfermedades hídricas, enfermedades del sistema nervioso. Por eso hay que tener mucho cuidado, porque por un lado mejoramos el agua, pero por el otro estamos causando consecuencias negativas sobre la salud de la población». 

 

En efecto, según el Boletín Epidemiológico de la semana N° 52 del 2016, informe que abarca los indicadores finales del año, se dio a conocer que los casos de enfermedades de origen hídrico han aumentado en el país considerablemente, destacándose el incremento del 1,12 % en el diagnóstico de amibiasis, de 1,29 % en el de diarreas y 3 % en fiebre tifoidea.

 

En ese orden de ideas, se advierte el marcado declive de la actividad pesquera en las costas del lago de Maracaibo, pues la cantidad y el número de especies que vienen capturando a lo largo de los años se ha venido mermando sustancialmente, producto de los derrames, las descargas de aguas industriales, con las descargas de aguas servidas y de lo que tiene que ver con la problemática del estuario como tal.

 

«Son muchas cosas que hay que amarrar, que hay concatenar», sentenció el ingeniero. «Definitivamente, en el hombre, cuando no hay interés, cuando no hay voluntad de hacer cosas, realmente todo se distorsiona».





Última actualización ( 13-06-2017 a las 10:41:01 )
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