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Bajan precios de algunos productos porque los venezolanos no pueden comprar PDF Imprimir Correo
29-07-2016 a las 10:56:24

Las diferencias entre el precio de los productos y el salario han provocado la disminución de la demanda y de los precios de algunos rubros; sin embargo, no se plantea que bajen los índices inflacionarios


Karledys García

 

Mil quinientos bolívares puede costar un kilo de harina de maíz importada legalmente de Colombia. Con el salario mínimo en 15.051,15 bolívares mensuales, un venezolano podría comprar sólo 10 kilogramos al mes, esto sin contar el resto de los productos de la canasta básica familiar que ya supera los 300 mil bolívares. 
 

  
Foto: Archivo
La comparación entre el salario y el costo de los productos en el mercado ha abierto una brecha difícil de saltar para los venezolanos. Para Natalia Sánchez, profesora de la Escuela de Sociología e investigadora del Centro de Estudios Sociológicos y Antropológicos de LUZ, «hay una inviabilidad económica en el mercado porque los venezolanos no podemos cubrir nuestras necesidades básicas, ni siquiera la alimentación, por los salarios que tenemos».

 

Demanda en disminución
 

Según los resultados de la Encuesta Latinoamericana de Nutrición y Salud 2015 sobre el Perfil del análisis de la ingesta y los patrones de actividad física de la población de América Latina, elaborada por la Fundación Bengoa y la Universidad Central de Venezuela, el 72,9 % de la población venezolana tiene déficit en el aporte de calorías, mientras que la deficiencia de calcio se hace presente en el 88 % de la muestra.
 

Por su parte, Werner Gutiérrez, profesor e investigador de la Facultad de Agronomía explica que el consumo de lácteos en Venezuela —que incluye queso, leche pasteurizada y en polvo— «llegó a caer por debajo del 50 %». Al trasladar este porcentaje a cifras, asegura: «deberíamos estar consumiendo alrededor de 130 litros de leche por persona al año y mis estimaciones son que, en estos momentos, nosotros debemos estar por debajo de los 60 litros por persona».
 

En el caso de la carne de res, Gutiérrez manifiesta que el panorama es similar al de los productos lácteos: «estimamos que la venta de carne en carnicerías ha descendido de 60 a 80 % en lo que va de año, de acuerdo a la zona del país. Difícilmente se está vendiendo de un 20 a un 40 % de la carne que normalmente se ubicaba en el mercado venezolano y eso está relacionado con la caída en el consumo de carne de bovino». Afirma, además, que este año «el promedio de consumo va a estar alrededor de 8 kilos por persona al año. Vamos a pasar de un pico de 23 kilos por persona hace 4 o 5 años a un piso de 8 kilos». 
 

  
Foto: Archivo
El especialista expresa que el consumo de la carne de pollo y los huevos también ha sufrido un descenso «de 45 hasta por debajo de 25 kilos por persona al año, inclusive estimamos que pueda estar alrededor de 11 kilos por persona al año. Vamos a pasar de consumir 45 a 11 kilos en los últimos 5 años. Y en el caso de los huevos, que es la otra fuente de proteína tradicional de los venezolanos, estimamos que pasaremos de 130 unidades a alrededor de 30 unidades por persona al año». 
 

Ante este panorama, los venezolanos «no están consumiendo ni proteína de carne bovina, ni leche, ni pollo, ni huevos. Eso indica una caída importante en la ingesta de proteínas», sentencia Gutiérrez. Precisamente en los últimos días se ha registrado una disminución en los precios de algunos productos, entre los que destaca la carne de res y el queso; sin embargo, este fenómeno parece no impactar en gran medida en el aumento del consumo.

 

Bajan los precios
 

El descenso del poder adquisitivo de los venezolanos debido a los altos índices inflacionarios se ve expresado en la disminución de la demanda de productos en contraposición con la oferta. A juicio de Sánchez, esta situación se presenta porque «se han ajustado los precios, pero no se ha ajustado el salario y eso es lo que hace que los productos no se puedan vender al precio que tienen y que quien los ofrece tenga que reducir el costo».
 

Por su parte, Alberto Castellano, economista y profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, manifiesta que efectivamente «lo que estamos viendo es una caída de los precios originada por la disminución de las ventas, es decir que la demanda ha venido disminuyendo». Asimismo, expresa que esto se traduce en que «las ventas han disminuido muchísimo, incluso en rubros esenciales para los venezolanos como, por ejemplo, los alimentos».
 

En relación a la caída de los precios del queso, Werner Gutiérrez, explica: «el 90 % de la producción de leche de las fincas de la zona se está dirigiendo hacia el mercado de quesos». Asimismo, plantea que «históricamente en mayo, junio y principios de julio; el queso tiende a bajar de precio porque coincide con la llegada de las lluvias. Al llover hay un incremento en la oferta de leche en el mercado y, por lo tanto, hay mayor producción de queso». Sin embargo, manifiesta que ante los altos costos que tenía el queso semana a semana, la demanda bajó.
 

«Las queseras nos han informado que el mercado se contrajo porque debido al elevado precio al que llegó el queso, la demanda bajó y obviamente al haber mucha oferta con poca demanda, el precio tuvo una caída muy abrupta».
 

Para el especialista, resulta necesario aclarar que el panorama en relación a estos rubros es aún más complejo, puesto que en Venezuela «tenemos un déficit de leche de alrededor del 70 %, pero al contraerse la demanda de quesos se generó un ambiente artificial de que había abundancia de quesos en el mercado, aunque realmente no es así». 
 

El investigador afirma que uno de los mayores problemas que presenta la demanda en Venezuela recae sobre las posibilidades de los hogares de acceder al consumo de carne y lácteos, y eso «evidentemente se está reflejando en las ventas, al igual que la sobreoferta artificial en el mercado que generó una caída en el precio, pero esa caída no llegó a niveles que pudieran satisfacer al consumidor porque la demanda sigue completamente contraída». 
 

Gutiérrez asegura que para el consumidor, la baja de los precios de la carne de res y los lácteos pudo haber representado un alivio, pero para el productor «esa caída en el consumo de queso generó a su vez sobreoferta en el mercado, que el quesero le pagara menos al productor, que el productor con 210 bolívares por cada litro de leche no pudiese cubrir los costos de producción y que inclusive, dejara de ordeñar».
 

«Por el incremento exagerado que han tenido los precios ante la inflación galopante que está viviendo Venezuela, la gente ha venido teniendo dificultades para adquirir los productos y esto es motivado también porque hay desabasto profundo en Venezuela y porque con los precios que tenemos actualmente, incluyendo los del mercado irregular y de los productos que están viniendo de Colombia, se hace muy difícil su adquisición», asegura Castellano. Es así como la baja en los precios de la carne y los lácteos es el reflejo de la difícil situación del poder adquisitivo de los venezolanos.

 

¿Bajará la inflación?
 

Ante la diferencia entre la oferta y la demanda que ha provocado la caída de los precios de los productos, surge la interrogante sobre una posible disminución de la inflación. Al respecto, Rafael Piña Pérez, profesor emérito de LUZ y expresidente de la Academia de las Ciencias Económicas del Zulia, explica que la tendencia es que «cuando baja la demanda, tiende a bajar la inflación; pero como los venezolanos también tenemos una oferta insuficiente porque no se está importando la cantidad de productos que tendríamos que importar y ha bajado la producción nacional, la oferta y la demanda están bajando al mismo tiempo».
 

  
Foto: Archivo
Por su parte, Alberto Castellano, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, plantea que pese a la baja de los precios de algunos productos del mercado «todavía persisten los elementos que presionan los precios: la distorsión en el sistema cambiario y el exceso de monedas y billetes porque el Banco Central de Venezuela le sigue inyectando recursos a la economía por intermedio del financiamiento del déficit de PDVSA. Como estos elementos persisten, todavía persisten las presiones inflacionarias, es decir, vamos a seguir con inflación».
 

Castellano asegura que puntualmente caerán los precios de algunos productos «porque definitivamente al venezolano no le está alcanzando para adquirirlo y esta diferencia entre oferta y demanda está haciendo que los precios disminuyan, pero eso no significa que va a haber una deflación. Siguen las presiones inflacionarias». Asimismo, el especialista insiste en que hay una inflación que «raya en la hiperinflación y esto definitivamente está socavando el poder de compra de los venezolanos y está haciendo caer importantemente la demanda». 
 

Para Piña Pérez, los altos índices de inflación provocarán que el poder compra de los venezolanos se siga deteriorando, por lo que recomienda establecer una escala móvil de salario que implicaría «el ajuste automático del salario con la inflación», esto mientras dura el proceso inflacionario. «Los precios están creciendo en el día a día y los salarios se están quedando muy rezagados con respecto a los precios». Bajo las diferentes perspectivas de los especialistas, la brecha que deja la diferencia entre el salario y el costo de los productos incide enormemente en la calidad de vida del venezolano y su poder adquisitivo. 





Última actualización ( 29-07-2016 a las 12:04:17 )
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