Agencia de noticias de la Universidad del Zulia
Correo LUZMapa del sitio
Bookmark and Share
Leoncio Pinto: "La sociedad venezolana es prisionera de discursos autoritarios" PDF Imprimir Correo
04-04-2014 a las 10:48:42

El sociólogo asevera que la mediación internacional es una condición necesaria para solucionar el conflicto


Roberto Torres Luzardo

Cuando en una sociedad se producen eventos como el ataque a las Residencias Palaima y urbanización La Trinidad (ambas de Maracaibo) la noche del jueves 27 de marzo de 2014, es evidente que las Ciencias Sociales tienen trabajo que hacer. Ante un enfrentamiento armado de civiles contra civiles, ciencias como la Sociología deben ayudar a explicar qué salió mal y, sobre todo, cómo remediarlo.

 

 
  Pinto lamenta que los sectores más radicales tienen secuestrado el juego político. Foto: archivo

El protagonismo que en los últimos meses han tenido las tendencias más radicales de ambas corrientes políticas predominantes en el país obedece a un peligroso caldo de cultivo: el descontento de sectores de la población. Esto lo asevera Leoncio Pinto, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales


Ve fallas en ambas concepciones de la democracia. Desde el chavismo, se pretendió que el concepto de la mayoría era solo aritmético y no político. A la oposición, no le perdona el tránsito por vías no democráticas como el paro petrolero y el golpe del 11 de abril. Parte desde esas críticas para ofrecer su apreciación sobre el más reciente y turbio capítulo de la historia política del país.

¿Cuál su diagnóstico sobre el estado actual de la democracia venezolana?


—Debo empezar diciendo que no hay democracias ideales, sino que son conceptos en construcción permanente. Encontraremos que cada una tiene su propia biografía y nivel de conflictividad. En todo caso, creo que en Venezuela vivimos en el marco de una democracia.

 

La gente comete un error al negarla solo porque hay conflictividad. La democracia existe en la medida en que el conflicto existe. No podemos pensar en una democracia donde todo es paz, donde no hay disidencia, interferencia y juegos político. El conflicto existe en toda sociedad y no tiene carácter catastrófico en la democracia porque es un agente de cambio social.

 

Actualmente tenemos un alto nivel de conflictividad y los actores defienden valores morales que consideran inamovibles. De ahí el enfrentamiento que vivimos. El problema está en que hemos visto una ruptura del marco ético en el que debe darse la vida política, se rompió por ambos actores. Estamos en presencia de una democracia que perdió su carácter deliberativo y, por ende, emerge la violencia.

¿Y un panorama como el que describe puede resolverse con el diálogo?


—El diálogo es bastante difícil en estas circunstancias, pero creo que es posible. Vivimos tiempos de mucho conflicto, pero es necesario seguir apostando al diálogo porque cualquier otra salida es una aventura que no resuelve las diferencias entre las partes. El diálogo es una transacción entre actores para establecer acuerdos, pero el problema es que la base del diálogo es la confianza, y los actores tienen una profunda desconfianza entre sí.

 

Se trata del artefacto político más importante que nos da ciertas certezas. Las demás son salidas por los caminos verdes que no sabemos hacia dónde nos disparan.

¿Qué características debe ver el país en este diálogo para que en efecto sea una solución?


—La solución pasa por entender que no se va a producir un consenso. Simplemente se deben establecer los primeros acuerdos mínimos, como ejercicio para ganar confianza. Será un proceso lento, sí, porque hay dos direcciones ideológicas que corren en paralelo sin tocarse y a veces excluyéndose.

 

Me parece muy importante la misión de Unasur que está en el país, y sería deseable que se incorporasen miembros de la Organización de Estados Americanos, el Centro Carter y del Plan de las Naciones Unidas para el Desarrollo con el propósito de armar un mecanismo de mediación que les garantice confianza a ambas partes.

¿A quién conviene políticamente la violencia que se ha vivido en las ciudades del país?


—Estos acontecimientos le dan una preponderancia a los sectores radicales que existen dentro de la oposición. Eso, a su vez, activó inmediatamente a los radicales del chavismo. Son estos sectores los que tienen secuestrado el juego político hoy, al tiempo que los más demócratas parecen haberse replegado. Un ejemplo evidente es la reacción cautelosa de Henrique Capriles.

 

En el Gobierno pasa lo mismo: hay sectores que no están de acuerdo con la violencia pero tampoco se desmarcan de ella. Parece que la sociedad venezolana es prisionera de dos discursos políticos demasiado autoritarios en el ala de los radicales. Sobre ese eje parece desplazarse la vida política del país en este marco de violencia e irracionalidad.

¿Qué resultado puede generarle al país ese enfrentamiento de las alas radicales?


Futuro de la oposición

Para Pinto, lo deseable en cualquier democracia es que la oposición ejerza mecanismos de contraloría al poder. En el caso venezolano, advierte, si la oposición no sale airosa luego de este proceso de confrontación, se va a dividir en sectores radicales y demócratas, con el costo político que eso significa. “La oposición es una unidad electoral más no política, lo que explica la variedad de posturas en cuanto a los últimos acontecimientos nacionales. Después de que vienen ganando un espacio, este paso podría ser demasiado lesivo para ellos”.

—El resultado recaerá sobre el liderazgo de esas fuerzas. ¿Tendrá capacidad el liderazgo no radical de zafarse de esa situación? Si esos sectores no asumen su responsabilidad, que es lo que hemos visto hasta ahora, podríamos entrar en una espiral de violencia de consecuencias impredecibles.

 

Si esa ola expulsa del poder al presidente Nicolás Maduro, eso no resuelve para nada los problemas de los años futuros porque esa herida no se cerrará. Lo deseable es una salida democrática a la crisis. 

Hay evidencias que apuntan a agentes del Estado como responsables de algunas de las muertes ligadas a las protestas. Ante las amenazas a su gobernabilidad, ¿está el Gobierno usando la violencia como política de Estado?


—No puede llamarse una política del Gobierno. Habrá alguna sensatez mínima en el Gobierno y en la oposición como para que la violencia no sea una política, porque con eso ambos pierden. Todos perdemos. Nos estamos autodestruyendo como sociedad. Hay sectores radicales que están pensando que la salida es una confrontación, y esa es la salida que menos nos interesa. 





Última actualización ( 04-04-2014 a las 11:03:52 )
Me gusta


Archivo de noticias
Universidad
Academia
Comunidad
Economía
Salud
Ciencia y tecnología
Deporte
Cultura

Otras secciones
Entrevistas
Encuestas
LUZ Periódico
Especiales LUZ AdN
Boletines LUZ AdN
Informes de gestión
LUZ en los medios
Opinión

 

 


 

 

 

LUZ en los medios

 

Conozca más de...

 

 

 

Especiales LUZ AdN

 


  Entrevistas en LUZ AdN

 


 

 

 

 LUZ Periódico

 


 

Teveluz

 

LUZ Web

 

LUZ Radio

^ Subir