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José Quintero Weir: "Tenemos que ir hacia una reconstitución del país" PDF Imprimir Correo
14-03-2014 a las 16:08:30

El académico descarta la participación de entes internacionales, y apuesta por un consenso nacional como salida a la crisis que atraviesa Venezuela


Roberto Torres Luzardo

La escena de una carretera trancada por escombros, piedras, cauchos y escombros ya se ha vuelto frecuente en las ciudades más pobladas del país. Usualmente, a estas barricadas las acompaña el mensaje “SOS Venezuela”, en señal de adhesión a las protestas que desde principios de febrero promueve la oposición contra el gobierno de Nicolás Maduro.

 

 
  “El gobierno no puede convocar a una paz que no ha creado”
Foto: Archivo

Las manifestaciones –aupadas desde la dirigencia estudiantil– las motivan causas tan diversas como la inseguridad, la escasez y la represión por parte de las fuerzas de orden público. Sin formar parte de este movimiento, pero luchando contra muchos de los mismos males, una protesta muy similar se vivió en el pueblo indígena de Sinamaica, a unos cincuenta kilómetros de la capital zuliana, durante la semana pasada. 


En Sinamaica protestan porque el país que recibió unos 900.000.000 $ en 14 años se encuentra sin alimentos”, advierte el profesor José Quintero Weir, quien se desempeña como coordinador de la Unidad de Estudios y Culturas Indígenas de LUZ y ha trabajado como activista de los derechos indígenas.


El diagnóstico de Quintero Weir sobre las protestas apunta a que, tanto en la Guajira como en el resto del país, reflejan un problema mucho más hondo de lo que se percibe: se trata de una falta generalizada de institucionalidad. Alerta que, sin un consenso nacional, no se avizora un final del conflicto.

¿A qué se debe la desconexión entre las protestas de Sinamaica y las de los estudiantes? Comparten muchas de las exigencias. 


Durante 14 años se alimentó la desconexión y desmantelamiento del movimiento social. El gobierno de Chávez, una vez que gana y pone a muchas organizaciones políticas y sociales a su favor, las desmantela porque pierden su independencia.

 

En el caso de los yucpa, la mayoría de las organizaciones indígenas desaparecen con la llegada de los Consejos Comunales. La desarticulación política es el origen de esa desconexión que mencionas. Sin embargo, la conexión puede reestablecerse si hay un discurso desde la necesidad de reconstituir el país. No hablo de una constituyente ni una nueva elección: se trata de la reconstitución de la sociedad. Ese es el discurso que no está en la mesa.

Si los pueblos indígenas no obtuvieron lo que se les prometió tras la última reordenación política, ¿estarían ganados a participar de nuevo en un proceso similar?


Para que eso suceda, los movimientos indígenas no pueden quedar fuera de la discusión previa. Los wayuu están en los dos lados de la frontera y esa realidad habría que entenderla para poder reconstituir esa zona. No hablo de separatismo, sino de una nueva forma de entendernos territorial y políticamente.

¿Es el Gobierno quien tiene la mayor responsabilidad en el llamado a esa discusión? 


Sin duda son los responsables de lo que ha pasado, no pueden ser a la vez quienes convoquen. Eso pudo haber ocurrido cuando ganó Nicolás Maduro, pero ya no es posible. Sin embargo, la oposición tampoco puede, porque también ha perdido la posibilidad de presentar un plan de diálogo. Además, están divididos.

¿Cuál es, entonces, la solución?


La propuesta tiene que salir desde afuera de ese contexto y no desde los factores en pugna para tener la credibilidad necesaria. Además, tiene que haber representantes de toda la sociedad nacional: comunidades indígenas, sindicatos obreros, campesinos, estudiantes, gremios profesionales y demás miembros de la sociedad. Hay que ir hacia una reconstitución del país porque, como dice el historiador Agustín Blanco Muñoz, somos un expaís. No hay gobierno, instituciones, nada que lo sustente.

¿Cree posible una resolución de este conflicto que nazca del diálogo a pesar de la radicalización de ambas tendencias políticas?


Es posible, es necesario y es urgente. De ninguno de los factores vendrá una solución sino de un frente nacional que, desde la pluralidad, se la plantee al país.

¿Y no está cumpliendo la Conferencia por la Paz y la Vida este objetivo?


No, porque quien hace ese llamado es el gobierno al mismo tiempo que les da plomo a los muchachos. El gobierno no puede convocar a una paz que no ha creado. El primer paso para un diálogo por la paz es acuartelar la Guardia Nacional. Pero cuando la premisa es “candelita que se prenda, candelita que se apaga”, no están en posición de pedir paz.

¿Descarta algún tipo de mediación internacional en el contexto venezolano?


No es probable que eso suceda. La actuación de la Organización de Estados Americanos, por ejemplo, en casos como el de Venezuela, Honduras y Paraguay dice que se convirtió en una especie de “club de gobiernos”, en el que se escudan entre sí. No se deben fomentar expectativas de sanciones internacionales. Las cosas pasan si los pueblos lo deciden, aquí nadie va a venir a intervenir.

¿A qué se arriesga el país si no se toman las decisiones correctas?


Podríamos ser presa fácil de cualquier imperio. No hablo del norteamericano solamente, sino del imperio chino, con quienes estamos grandemente endeudados.

¿Cuál ha sido el legado de los últimos 14 años sobre el pensamiento político de los venezolanos?


Chávez profundizó el tema del clientelismo político. Si Carlos Andrés Pérez fue el padre de ese proceso, luego Chávez lo llevó a la máxima potencia, al punto de que no hay iniciativas populares sino que se logró la captura de esas iniciativas por parte del gobierno. Lo vemos en la Guajira: es inaudito que las familias no puedan proveerse de alimentos a menos que sea lo que les lleva el ejército.

 

Es como el preso que depende de la comida que le da el carcelero. Ese país no puede existir más y, si no lo enrumbamos desde otra perspectiva, podemos terminar siendo esclavos de cualquiera de los imperios.

Dominio


José Quintero Weir se muestra alarmado sobre el control que grupos ejercen sobre el Gobierno, al punto de poner en jaque su capacidad de acción. “El Gobierno ya no responde a una institucionalidad. Ha perdido toda legitimidad y legalidad. Estamos siendo gobernados por corporaciones poderosas que actúan sobre la base de intereses particulares como las divisas, los impuestos, los grupos de choque y lo militar. Defienden estos intereses a muerte”, asegura.





Última actualización ( 14-03-2014 a las 16:16:51 )
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