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Miguel Ángel Campos: "El país le tiene miedo al 'mea culpa'" PDF Imprimir Correo
08-11-2012 a las 14:18:40

El ensayista dice que el venezolano ve el trabajo como un peso. “Quiere que lo ascienda sin haber hecho grandes esfuerzos”, ejemplifica


Johandry A. Hernández

 


Miguel Ángel Campos dice que el venezolano entiende el trabajo como un peso que engendra tristeza. Fotos: Silvia Salas

Miguel Ángel Campos dice que el venezolano entiende el trabajo como un peso que engendra tristeza. Fotos: Silvia Salas

José Ignacio Cabrujas habló sobre la viveza criolla en una conferencia en el Ateneo de Caracas en 1995. Se preguntaba -estupefacto- cómo podía catalogarse de viva una sociedad que había despilfarrado una de las más colosales fortunas por la renta petrolera y, sin embargo, vivía sumida en una crisis permanente.

Una de las críticas más duras de Cabrujas se relaciona con la distorsionada cultura del trabajo del venezolano. “En Venezuela se paga mal, la relación entre salario y trabajo es caótica, es artificial. No hay una imagen del logro del trabajo, porque en Venezuela no hay imagen de riqueza, porque en los ricos, que podrían ser un paradigma de la imagen del trabajo como lo fue Ford para los americanos, no existe. El venezolano no tiene imagen del bienestar”, espetaba.

El profesor jubilado de la Facultad de Humanidades y Educación, Miguel Ángel Campos, dice que el país necesita una reflexión que va más allá de ver la situación política, fuera de su condicionamiento forense.

Desde las “profecías” de Úslar Pietri hasta las de Cabrujas sobre la viveza, se ha entronizado este mal que ha impedido una verdadera formación de ciudadanos. ¿Por qué?


El mal de la viveza para mí es la caracterización más estable del tipo medio del venezolano que tenemos a la mano. Desde 1958 hasta hoy se profundizó un acuerdo no ligado al Estado de derecho, y la sociedad espera todo del Estado porque tiene fe en un origen incierto en la representación, que cumplirá tarde o temprano. Esa fe viene del hecho de que el Estado administra la riqueza social y nunca se discutió en Venezuela su autoridad.


¿Cuándo inició el arraigo por la viveza?

 

El venezolano sintió que dejó de ser la estrella del continente cuando la expectativa del bienestar no le llegó. Pensó que era un cuento, esa idea de que somos especiales, que tenemos lo mejor, que tenemos un origen noble, abierto, igualitario, de intercambio y que eso nos hacía diferentes. A fin de cuentas, entendió el autoengaño. De alguna manera, se reencontró con sus taras, he allí la abierta descomposición social de hoy -que va en la pérdida absoluta de la solidaridad, pasando por la violencia, la criminalidad-. Su tolerancia al crimen, por ejemplo, tiene que ver con que descubrió su verdadera constitución: es artero, taciturno, violento. 


Siempre se apela en el discurso público a las virtudes del venezolano, nunca se admite un defecto como la viveza…


Hay un paradigma de un país totalmente falso, un cierto nacionalismo que construyó el culto a una venezolanidad adornada de supuestas virtudes que simplemente funcionan como proclama retórica: que si es solidario, no es racista, es demócrata, comparte el pan. Es una definición de la venezolanidad que no tiene asidero. Nadie dice que es violento, por ejemplo, y sin embargo, hay 60 homicidios por cada 100 mil habitantes. El mejor consejo es desconfiar de las definiciones previas de ese nacionalismo y no temer al qué dirán cuando tengas que hacer juicios duros y estigmatizar. Los Gobernantes no están interesados en señalar los vicios de la sociedad, por considerarlo inconveniente. ¿Podemos imaginar a un Gobernante exigir sacrificios al pueblo? No, porque no sacaría ni un voto. Y el país le tiene miedo al mea culpa.


¿Por qué el venezolano siente al trabajo como un peso y no como una vía de superación?


El venezolano entiende el trabajo como un peso que agobia, que engendra tristeza, desencanto. La idea de trabajo que introduce la industria petrolera es distinta y ha debido contrastar aquel otro imaginario, agrario, gamonal, rural, de subordinación. Desde los empleados públicos hasta la empresa privada se da la misma concepción. ¿Por qué el venezolano no concibió el trabajo como un instrumento de emancipación? Porque tú trabajas 30 años en Venezuela y no tienes casa, sigues siendo pobre, estás endeudado. Ahí hay una explicación: no puedes amar algo que nunca te liberó.


¿Por eso busca las salidas cortoplacistas?


Querer tomar el camino corto, nos llevó a un abismo. Fíjate en el caso del empresariado venezolano: quiere invertir en la mañana y recuperar el capital en la tarde. El empleado venezolano quiere que lo ascienda sin haber hecho grandes esfuerzos, porque la cosa laboral está tutelada. El esfuerzo personal no se ve recompensado en una sociedad urgente, donde los méritos se ponen a un lado. Recuérdese aquella frase que decía que en Venezuela nada quita ni da honra.


¿Al venezolano no le gusta trabajar?


El trabajo está asociado estrictamente con un salario. Ese sentimiento hacia el trabajo se acentúa como humillante, doloroso y fortalece un espíritu de resentimiento en toda la sociedad, que no logró mediante la educación y profesionalización ascender en la escala social. Eso era posible en Venezuela hasta hace 30 años, tener un título universitario determinaba que ibas a impactar en el medio económico. Hoy a la gente se le dice que tienes que ser doctor para que te reconozcan. Hay un contrasentido.





Última actualización ( 08-11-2012 a las 14:19:23 )
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