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“La formación actoral debe ser vibrante, activa, viva y eso está faltando en los pensa de las diferentes escuelas que funcionan en el país”, expresa Manrique
Harrys Rondón
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Héctor Manrique: “La formación de un actor no termina nunca”. Foto. Silvia Salas
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Héctor Manrique se jacta –en el mejor sentido de la palabra– de haber
sido amigo de José Ignacio Cabrujas, Fausto Verdial, Enrique Porte,
Carlos Giménez y Juan Carlos Gené, sin duda la crema y nata del teatro
venezolano. Tiene en su haber el récord de mantener las salas de
teatro del país repletas de gente, escuchando a un grupo de interesantes
mujeres hablar de sus intimidades en Los monólogos de la vagina, No
seré feliz pero tengo marido, Confesiones de mujeres de 30, y Brujas, su último montaje dedicado a la temática de la mujer.
Es un hombre de cine, televisión y fundamentalmente de las tablas. Por
estos días, Héctor Manrique se encuentra en Maracaibo, dictando un
taller intensivo de actuación en la Escuela de Artes Escénicas de la
Facultad Experimental de Arte (Feda) de LUZ.
“Han sido 3 días para mí fantásticos e intensos, donde creo que la
mejor parte me la llevo yo, porque al tener 40 alumnos en el taller uno
aprende mucho de ellos, además estos muchachos han mostrado una energía y
disponibilidad envidiable, algo que es fundamental en todo artista: la
posibilidad de expresarse, la necesidad de cambiar lo que le rodea,
hacerlo más habitable, más hermoso, más cercano a la belleza humana, y
la verdad es que desde que llegué a la Feda han sido para mí tres días
aleccionadores”, expresa el director del legendario Grupo Actoral 80.
"Por otra parte –prosigue– me conmueve profundamente y me preocupa que
personas que ya están a punto de graduarse, jóvenes que tienen la
energía de su vida puesta en la creación, vean que en esta ciudad las
posibilidades para desarrollarse son muy limitadas. En ese caso yo, como
hombre de teatro, siento la responsabilidad de prestar mayor atención y
sobre todo aprovechar esta ocasión para exigir una política a todos
los niveles de Gobierno, de mayor estímulo y sobre todo de respeto al
hombre de cultura. –¿En qué términos se forma un actor a la luz de la academia?
–Primero, la formación de un actor no termina nunca. La academia aporta a
la actuación el hecho de que jerarquiza la formación teatral, pero debo
decir que si la idea es dar 2 horas de actuación a la semana, estamos
haciendo poco o nada, por eso creo que debe haber una evaluación de los
pensa y adaptarlos a los métodos de estudios de gente que ha sido muy
exitosa formando actores en el país, como por ejemplo el maestro Levy
Rossel, un señor que ha formado a actores tan interesantes como
Guillermo Dávila, Carlos Mata, Alejo Felipe y Juan Manuel Montesinos,
entre otros. La formación actoral debe ser vibrante, activa, viva y eso
creo que está faltando en los pensa de las diferentes escuelas que
funcionan en el país amparadas por institutos de educación superior y
universidades.
Cabrujas, Verdial y Gené
Confiesa: “Cuando me presentan como el discípulo de estos 3 grandes
(Cabrujas, Verdial y Gené), siento una gran responsabilidad porque mi
admiración por ellos ha sido fundamental en lo que hago. Por otra parte,
siento una gran tristeza porque de los 3 fui gran amigo. Juan Carlos
Gené fue mi maestro, con él compartí muchísimos años montando
espectáculos. Lo mismo Fausto Verdial, una persona con la que trabajé
durante 10 años intensamente, sus primeras obras Los hombros de
América y Todos los hombres son mortales y las mujeres también fueron
piezas en las que yo actué”.
Cuando Manrique quiso entrar al mundo del teatro, Cabrujas fue la
persona con la que habló. “Recuerdo claramente cuando me dijo que debía
estudiar mucho con el maestro Gené y ese fue un momento definitorio en
mi vida porque si hubiese estudiado con una persona distinta,
probablemente no estuviera aquí sentado conversando contigo”, afirma.
“Con José Ignacio me pasa lo que piensan muchos. ¿Cómo llenamos los
venezolanos el espacio que ha dejado José Ignacio Cabrujas? Fue un
espléndido actor, director, escritor y sobre todo clarificador de la
realidad social en nuestro país. Lo primero que yo hacia los sábados era
comprar el Nacional y el Diario de Caracas porque yo sentía que solo
Cabrujas –con una claridad tremenda– nos explicaba el país.
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40 jóvenes actores se nutrieron de la riqueza del experimentado Manrique. Foto: Silvia Salas
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“De Cabrujas –prosigue el actor y director– me fascina lo incisivo que
era, por ser una persona que entendió el rol del hombre de cultura y
desde el punto de vista más íntimo uno echa de menos la tertulia
alrededor de una copa, de una buena comida, esas rondas son simplemente
inolvidables”. Década triste
Cuenta Manrique que los 90 fueron 10 años de dolor y de inmensas
pérdidas muy difíciles de superar. En 1990 muere su primer maestro,
Enrique Porte, y de ahí en adelante se van despidiendo de este mundo
figuras como Mariano Álvarez, Héctor Mayerston, Carlos Giménez, Fausto
Verdial y José Ignacio Cabrujas.
“Murió tanta gente de teatro –dice– que yo de tanta pérdida decidí irme
de los brindis y las fiestas sin despedirme y me di cuenta cuando varios
amigos me lo reclamaban y mi respuesta fue: 'ya no me quiero despedir
más porque esos años para mí fueron de intenso y profundo dolor'”.
El grupo Rajatabla también suma pérdidas. “Es una organización a la que
yo le tengo una enorme estima y ellos, como casi todos los grupos, están
resistiendo y por otro lado están atravesando por un momento muy
desgarrador. En menos de un año han desaparecido figuras emblemáticas
como Paco Alfaro, director del grupo, luego de la lamentable muerte de
Carlos Giménez y hace apenas unos meses murió el extraordinario actor
Germán Mendieta”, precisa.
Teatro zuliano
Lamentablemente no ha podido ver Señoras de Maracaibo –admite–, pero
amigos y críticos le han dicho que es una maravillosa puesta en escena.
“Se ha hecho célebre porque habla del zuliano y de su cotidianidad y eso
es lo que tiene que hacer el hombre de teatro que vive en provincia”.
“Al teatro zuliano hay que meterle más patacón y ser menos belga, por
citar una ciudad de Europa. Hablen de ustedes, que eso al final es lo
que nos enamora en otras zonas del país. El zuliano tiene una rica
cultura que tiene que explotar y qué mejor ventana que el teatro para
hacerlo”, plantea Héctor Manrique. –¿Tiene usted tanto dominio sobre la mujer que la pone a hablar en público de sus intimidades?
–Es exactamente lo contrario. En el año 2000 nació mi hija mayor Maura,
una niña muy deseada porque antes de su nacimiento habíamos tenido
varias pérdidas, una vez que llega ella a nuestras vidas comencé a
hacerme preguntas sobre la mujer que antes no me hacía. La vagina para
mí era un lugar agradable donde yo iba a jugar, a pasarla bien y como yo
lo único que tengo es el teatro, a partir de ahí comencé a investigar
sobre obras que hablaran de las mujeres desde un punto de vista
profundo, lo que me ha llevado a montar todas estas obras que tantas
satisfacciones me han traído en el campo afectivo y profesional. Cultura y polarización política
Este año se celebró en Caracas el Festival Internacional de Teatro, cuyo
presidente del comité organizador fue Héctor Manrique junto a Carmen
Ramia, pero también se realizó el Festival de Teatro de Caracas. El
primero, patrocinado por las alcaldías de Chacao, Baruta, Sucre y el
Hatillo; el segundo, financiado por la Alcaldía de Caracas y el Gobierno
del Distrito Capital.
3 días de magia
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| En un esfuerzo académico digno de todo mérito, estudiantes de Teatro de
la Feda recibieron 3 días de entrenamiento con una de las figuras más
exitosas de la actuación teatral en Venezuela. “Si la idea es dar 2
horas de actuación a la semana, estamos haciendo poco o nada, por eso
creo que debe haber una evaluación de los pensa y adaptarlos a los
métodos de estudios de gente que ha sido exitosa formando actores en el
país”, plantea Héctor Manrique. |
A la idea de que estos eventos dividieron en 2 bloques el sector
cultural de Caracas, Manrique señala: “Un festival debe hacerse desde
una mirada inclusiva, y el que tuve el privilegio de organizar nació de
la necesidad de darle espacio a la gente joven. De hecho, por
antecedentes como el despojo de sedes a instituciones como El Ateneo de
Caracas, la eliminación de subsidios y la dificultad de acceder a
centros culturales habituales decidimos no solicitar apoyo a entes del
Estado nacional porque sabíamos que nos iban a tirar la puerta en la
cara. Lo que sí hicimos fue solicitar permisos para hacer espectáculos
de calle en el municipio Libertador y nos fueron negados”, recuerda.
"Yo celebré el Festival de Caracas y si no estuvo el Grupo Actoral 80 es
porque he intentado ejercer con libertad lo que pienso. No soy de los
que se autocensuran como hacen muchos en el teatro venezolano. Mientras
hay gente que calla, yo he dicho lo que pienso, y por ello me han
tildado desde desestabilizador del sector cultural hasta pernicioso, que
no es poca cosa", agrega.
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