Agencia de noticias de la Universidad del Zulia
Correo LUZMapa del sitio
Bookmark and Share
El consumo excesivo de refrescos produce osteoporosis y síndrome metabólico PDF Imprimir Correo
21-03-2012 a las 17:05:07

Un consumo frecuente hace que el páncreas trabaje a toda máquina, con serias consecuencias para el cuerpo. Cada 355 mililitros contienen entre ocho y diez cucharadas de azúcar


Roberto Torres Luzardo

 


El ácido fosfórico, la cafeína y el exceso de azúcar del refresco tienen repercusiones en la salud.

Una lata de bebida gaseosa. Haga clic sobre la imagen para ampliarla.
Infografía: Ánthony García.

Aceptémoslo: no hay sensación más refrescante que paliar el sofocante calor de la tarde con una fría bebida gaseosa. Todo comienza con el inconfundible sonido metálico de la lata de aluminio al abrirse, seguido inmediatamente por el resoplido del gas carbonado que escapa del envase en un delgado humo blanco.

La efervescencia del líquido resuena en nuestros oídos. En los consumidores más frecuentes, esta secuencia de estímulos genera que saliven en anticipación del primer trago helado. La sensación del frío borde de metal en los labios es el preludio a un ataque masivo a las papilas gustativas.

El refresco, en este caso una bebida de cola negra, baña cada espacio de la cavidad bucal con su particular balance de sabores dulces, ácidos y amargos. Los neurorreceptores reciben con júbilo esta fiesta de percepciones. La carga de cafeína hace que la dopamina inunde el organismo y cause una sensación placentera instantánea.

Finalmente, los 355 mililitros de refresco ingresan al organismo. Lo que sucede después es una cadena de eventos que, a largo plazo, tiene serias implicaciones para la salud. De acuerdo con Nadia Reyna, profesora e investigadora del Laboratorio de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Facultad de Medicina, un refresco representa una gran cantidad de energía para el organismo.

La investigadora explica que el organismo, ante la fuerte carga de glucosa que ingiere, pone al páncreas en una frenética sobremarcha y causa que libere un chorro de insulina al organismo para controlar el nivel de azúcar en la sangre. Este proceso, repetido a largo plazo, conlleva a padecer una enfermedad muy frecuente en los últimos tiempos: el síndrome metabólico.

Según explica Reyna, este excedente de insulina estimula la acumulación de grasa en el individuo. El padecimiento está cercanamente ligado al aumento del colesterol, disminución del llamado colesterol bueno o HDL. Los depósitos de grasa en el área abdominal también son efectos secundarios del consumo prolongado de estas bebidas, debido a la gran carga de carbohidratos.

Efectos varios

Es curioso, pero ingerir de golpe las ocho o diez cucharadas de azúcar que puede contener una lata de refresco no causa una sobrecarga de dulce. Esto se debe a una de las sustancias más dañinas que contienen las bebidas gaseosas: el ácido fosfórico.

La tarea de este compuesto químico es cortar el intenso sabor de la sustancia utilizada para endulzar, pero los efectos que tiene sobre el organismo son severos. Por medio de complejos bioquímicos, las moléculas del ácido y otros elementos del producto –tan popular a lo largo y ancho del globo– causan que minerales esenciales para la salud –como el calcio, magnesio y el zinc– salgan del cuerpo por medio de la orina.

Así, durante un periodo prolongado de consumo, el riesgo de sufrir descalcificación en los huesos aumenta considerablemente, puesto que estos elementos son los que protegen la estructura ósea.

A pesar de estos efectos negativos, las dos gigantes del mercado de las bebidas siguen presentes en más de 200 países. Proyecciones de la firma Euromonitor indican que Latinoamérica pasará a ser un mayor mercado de este rubro que América del Norte.

Sin duda, la popularidad –que se ha mantenido en el tiempo– tiene que ver con el contenido de cafeína y otras sustancias que actúan como estimulantes, y mantiene viva la necesidad de los consumidores. “La adicción a los refrescos es mayor por los refrescos de cola negra. Esto está vinculado al gran contenido de cafeína que puedan tener”.

Reyna señala, como otro de los aspectos negativos, el aporte calórico excesivo que tiene una bebida gaseosa. “El contenido de azúcar le da una gran cantidad de calorías, que dependerán también del consumo que cada persona haga”. Con 140 calorías por cada 355 mililitros, esto representa el 5% del consumo recomendado promedio.

Rompiendo el hechizo



5 golpes al organismo


  • En el metabolismo: produce un excedente de grasa en la zona abdominal, lo que predispone a enfermedades metabólicas.
  • En el sistema óseo: el ácido fosfórico puede incidir en la descalcificación de los huesos, ya que causa que se pierdan, por la orina, nutrientes necesarios para su protección.
  • En la mente: se produce una dependencia y la falta de su consumo puede generar ansiedad en los consumidores más asiduos.
  • En los dientes: las ocho o diez cucharadas de azúcar por cada 355 ml (una lata), junto a malos hábitos de higiene dental pueden llevar a la aparición de caries.
  • En el sistema gástrico: la larga lista de químicos presentes en las bebidas carbonatadas poseen la propiedad de irritar las paredes gástricas.

Comúnmente, el consumidor empedernido de refrescos le es fiel a una marca o sabor en particular, y empieza a sentir la necesidad luego de días de abstinencia. “Es un hábito que puede llegar a ser muy fuerte”, dice la investigadora. Se crea un vínculo de dependencia pero, si la voluntad es férrea, se puede reducir o modificar esta costumbre.

“El primer paso es identificar la cantidad que se está consumiendo, y luego ponerse metas para disminuirla de forma progresiva. Es evidente que un consumidor de un litro al día le costará adaptarse si lo corta de golpe. Una opción es reemplazarlos con jugos de fruta con sabores fuertes y endulzados con azúcar de dieta. Reemplazar un alimento por el otro es esencial”, afirma.

Una opción pareciera ser consumir solo refrescos de dieta o light. Sin embargo, así como el refresco normal, estos poseen tres o cuatro veces la cantidad de edulcorante que se le podría agregar a una bebida normal. En otras palabras, se ahorra las calorías del azúcar, pero la cafeína y el ácido fosfórico siguen presentes, por lo que también está ligado a la descalcificación de los huesos.

Finalmente, la profesora recomienda consumir gran cantidad de agua para que el organismo permanezca hidratado y que no se resienta ante el cambio. Al menos una reducción del hábito es necesaria para preservar la salud y mantener a raya complicaciones de salud que podrían significar un cambio permanente en la calidad de vida.

 





Última actualización ( 21-03-2012 a las 17:21:06 )
Me gusta

Archivo de noticias
Universidad
Academia
Comunidad
Economía
Salud
Ciencia y tecnología
Deporte
Cultura

Otras secciones
Entrevistas
Encuestas
LUZ Periódico
Especiales LUZ AdN
Boletines LUZ AdN
Informes de gestión
LUZ en los medios
Opinión

 

LUZ en los medios


 

 

LUZ Periódico



 

Notas relacionadas

 

 



images/stories/botones/twitter_logo.jpg

 

 

images/stories/botones/logo_facebook.jpg

 

 

 

images/stories/botones/vimeo.jpg

 

 


Conozca más de...

 

Universidad Global


 

Especiales LUZ AdN

 


  Entrevistas en LUZ AdN

 


 

 

 

 LUZ Periódico

 


 

Teveluz

 

LUZ Web

 

LUZ Radio

^ Subir