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"La violencia se convirtió en una fuente de prestigio y reconocimiento personal" PDF Imprimir Correo
10-06-2011 a las 13:39:34

El presidente del Observatorio Venezolano de Violencia, conferencista central en el aniversario de la revista Espacio Abierto, Roberto Briceño León, alertó que un plan de desarme requiere desmontar las milicias, porque su consigna es “el pueblo en armas”


Johandry A. Hernández

 

   

Roberto Briceño León es sociólogo. Foto: Jesse Hernández Luzardo

Esta semana, la Organización de Estados Americanos publicó un informe sobre Seguridad Ciudadana en las Américas que compromete seriamente cualquier proyecto de civilización: América Latina es la región más peligrosa del mundo. El título poco honroso tiene un significado aún más cercano en Venezuela, que se posiciona como el país más violento, incluso por encima de México, El Salvador y Brasil. 


La violencia ha permeado hasta los huesos en la cotidianidad de los ciudadanos. Hace algunos meses, el escritor y ensayista zuliano Miguel Ángel Campos decía que se podía comprobar que el venezolano es hoy un potencial asesino. Semejante afirmación revela una sociedad sospechosa, en la que el crimen se convirtió en la fuerza de fractura de todo el sistema de convivencia. En esa misma tónica, el doctor honoris causa de LUZ, Alejandro Moreno, en sus múltiples trabajos hechos en los barrios populares con asesinos confesos recoge una frase que condesa el signo más terrorífico de lo que hoy somos: “Y salimos a matar gente”.


¿En qué momento se perturbó nuestro sistema social? ¿En qué momento nos convertimos en asesinos? El sociólogo Roberto Briceño León, presidente del Observatorio Venezolano de Violencia, es quien más ha trabajado la evolución de la violencia en el país y, por tanto, certeza del alcance del problema. “Hasta hace apenas 20 años, Venezuela era uno de los países más pacíficos del continente”, revela con un desconsuelo que aflige. 


Durante su visita al Zulia, en la celebración del 20 aniversario de la revista Espacio Abierto de la Facultad de Humanidades y Educación, conversó con los medios de LUZ sobre el desafío que hoy tiene el país frente a un tema tan sensible y desafiante. 

I. El país asesino

¿Comparte usted la tesis de que el venezolano es hoy un asesino en potencia?


Lo que ha sucedido con el acostumbramiento a la violencia es que se asume como algo más natural en la vida social y eso facilita la respuesta violenta. Cuando uno observa al asesino y a las víctimas, sus comportamientos son parecidos.  Viven la violencia y están acostumbrados a vivir sometidos por la violencia. La sociedad tiene miedo, se siente en zozobra y esa sensación de miedo lo lleva a actuar violentamente. Eso explica la posesión de armas, pues todos necesitan sentir protección, esa percepción se instala en la conciencia,  se ve como una defensa. Eso explica que 60% de los venezolanos apoya los linchamientos como un ejercicio privado de la venganza.


Comillas
La situación dramática de impunidad demuestra el drama del sistema judiciaComillas



¿Qué opera en el perfil de alguien que mata por placer? 


En Venezuela hemos tenido un exceso de violencia y por eso el carácter funcional de la violencia se ha perdido. Un ladrón se sube a un autobús y amenaza a los pasajeros con matarlos para que le den la cartera. Allí hay un caso de violencia funcional, porque someten a la gente para robar. Pero lo peor ocurre cuando se baja, da la vuelta y mata al chofer.  Técnicamente eso se conoce como un caso superfluo de la violencia, que en ese caso no era necesario, el objetivo de robar ya lo había obtenido y ocurre porque la violencia empieza a instalarse como forma de comportamiento, como mecanismo de comunicación, como elemento expresivo, en el que se mata por el placer y por el prestigio de matar. Cuando uno ve que a un joven lo matan con 72 disparos, uno piensa y dice que con dos hubiera sido necesario, los otros 70 para qué. Se trata de un mecanismo de comunicación entre bandas que se mandan mensajes con este uso de violencia, se convierten en condecoraciones en el ejercicio de la violencia. Esa es la perversión de la violencia cuando se instala como ejercicio. La violencia se convirtió en fuente de prestigio y reconocimiento personal.

Una de las urgencias que se plantea es la Ley de Desarme. Ya existe un anteproyecto de ley en la Asamblea Nacional. ¿Tenemos las condiciones para adelantar este proyecto?

 

  
"Tuvimos más de 400 personas muertas en las cárceles en 2010 y tenemos una población carcelaria de 40 mil".
Foto: Jesse Hernández Luzardo.


Cualquier política de desarme es valiosa, útil debe apoyarse. Es importante porque Venezuela necesita un proceso de pacificación. No es necesario únicamente generar una Ley de Desarme, sino que debe impulsarse una cultura del desarme, una formulación de comportamiento de desarme, se trata de una decisión que exalte el diálogo. Lo que pasa es que tenemos autoridades que exaltan las armas. Este país no podrá adelantar un plan de desarme si no desmonta las milicias, porque su consigna es “el pueblo en armas”. ¿Cómo hace una sociedad con una milicias y una ley de desarme? Cualquier ley debe tener como sustento una sensibilidad, sino es una ley muerta. Si uno elogia la violencia y las armas, no puede pretender que frenará el peso de las armas.

Según estadísticas del Observatorio Venezolano de Violencia, 91% de los casos no tiene sentencia. ¿Podemos avanzar hacia un camino de pacificación con este problema? 


En sociología criminal hay dos tipos de comportamiento: la gente decide no matar a otro porque tiene unos valores a la vida muy apegados o teme a la ley. Ese temor del castigo tiene un sustento religioso y la gente recuerda el quinto mandamiento: si matas, vas al infierno. Pero otro concepto más terrenal indica que si matas a otro, irás a otro infierno, a las cárceles venezolanas. El castigo tiene una función disuasiva, porque la gente siente que viene una sanción. Ahora bien, por cada homicidio debe haber al menos un homicida, es una cuenta básica. Si hay 100 homicidios, mínimo debe haber 100 homicidas. En el Observatorio nos fuimos a archivos oficiales e hicimos un estudio científico. Conseguimos que en Venezuela, por cada 100 homicidios cometidos en 1998, hubo 118 detenciones. En el año 2010, por cada 100 homicidios, hubo apenas 9 detenciones por homicidio. No estamos hablando de sentencia, hablamos de detenciones. Esta situación dramática de impunidad en el país, demuestra el drama del sistema judicial.


II. Las cárceles y la institucionalidad

En términos sociológicos y según la influencia francesa y norteamericana,  la cárcel se concibió como centro de corrección. Pero la evidencia muestra que la cárcel en Venezuela debe repensarse. ¿Qué implica este plan, acaso una privatización tal como se lo plantea Perú, por ejemplo?


Las cárceles son un infierno, un drama para todos los venezolanos, para sus familiares, para la sociedad, tenemos el peor de los mundos, es el país de Suramérica donde tenemos menos presos por habitantes, pero también somos el país con más muertos en las cárceles. Tuvimos más de 400 personas muertas en las cárceles en 2010 y tenemos una población carcelaria de 40 mil. En Brasil hay medio millón de presos y no llegaron a 100 el número de muertos el año pasado. Hace falta replantear el sistema penal en su conjunto, el sistema de justicia social, las penas alternativas, mejorar las cárceles. Yo no estaría a favor de la privatización de las cárceles venezolanas, pero acaso no es privatización que la familia tenga que pagar para llevar la comida al pabellón, pagar el traslado del recluso, pasar por el uso del teléfono, para garantizar su vida, para el acceso a la justicia. Todo lo que es seguridad se ha privatizado, las entradas en las urbanizaciones, los guardaespaldas. Estoy seguro de que los familiares de los presos apoyaría la privatización de las cárceles.

Hay prácticas delictivas que no eran comunes en Venezuela hace algunos años. ¿Por qué se posicionó el sicariato, el cobro de vacunas? 


Las cárceles no las controla el Estado, las controlan los delincuentes. Las autoridades no pueden entrar sin el permiso de los propios delincuentes, porque la Ley que los puso en las cárceles no se aplica. Las cárceles son un Estado dentro de un Estado, lo que tenemos son bombas continuas, se violan los derechos humanos y hay una mirada muy pasiva, por eso se explica el control de los “pram” en las cárceles.

 


¿Por qué si no tenemos una guerra civil como en otros países o conflictos armados ha habido un descontrol de la violencia por parte del Estado?


Por parte de las autoridades ha existido una gran confusión ideológica en su rol como Gobierno. Esa confusión ha provocado ese adefesio que es la política de seguridad. Por un lado, unas personas piensan que la violencia no es tan mala porque tiene que ver con las luchas de clase y Marx dijo que la violencia es la partera de la historia. Pero aquí eso es una aberración, porque no hay pobres matando ricos ni ricos matando pobres, sino que hay pobres matando pobres. Aquí no hay ninguna lucha de clases. Un anterior ministro decía que quería que existiese una policía insurreccional. Una cosa es ser insurrecto y otra ser policía. Hay confusión porque se quiere ser insurrecto, hacer revolución y hablar de justicia. Cuando la seguridad se politiza y tiene estos matices como policía del pueblo o antiimperialismo, se le quita legitimidad. Los venezolanos quieren una policía que proteja a los ciudadanos, que proteja a todos sin que eso implique color político.

Analistas políticos han dicho que el gobierno no asume el tema de la violencia con la rigurosidad que se requiere porque tiene un alto costo político. ¿Está de acuerdo?


El Gobierno actuó durante buena parte de su gestión bajo este principio pensando que no tendrían un alto costo. No ha omitido, sino que ha faltado a una responsabilidad. En cualquier Estado, la función primaria es la seguridad, es fundamental antes que la salud y la educación. La decisión que se tomó fue no vamos a reprimir, eso puede tener un costo. Esta tendencia ha empezado a cambiar y la inseguridad tiene un alto costo político. Pero quisiera llamar la atención, porque la vida de los venezolanos no tiene un valor, no se trata de un cálculo político, la protección de los ciudadanos no tienen ningún valor. No se puede basar la seguridad en el cálculo político.

¿Hay alguna salida ante tanto desconsuelo, ante tanta sangre?


Es posible regresar a la tasa de homicidios de hace 20 años de manera muy rápida, es posible volver a ser un país pacífico. El punto de comienzo es enviar un mensaje al país de cumplimiento de la ley, decir que se aplicará la Ley, que las autoridades no están por encima de la ley, que el Presidente no es la ley, sino sometido a la ley. Esto parece muy simple,  pero si no se envía un mensaje claro de que se mejorará la protección de los ciudadanos, no se podrá avanzar. Debe haber voluntad política, ver la inseguridad como un problema nacional, que afecta a los venezolanos. Científicamente sabemos que es posible reducir los homicidios, tal como lo ha hecho Colombia. Las universidades están dispuestas a compartir su experiencia y trabajo para luchar contra este grave problema.





Última actualización ( 10-06-2011 a las 14:13:43 )
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