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"Corremos el riesgo de acostumbrarnos a la violencia si el Estado no la controla" PDF Imprimir Correo
11-02-2011 a las 12:10:20

Alejandro Moreno, destacado investigador y Doctor Honoris Causa de LUZ, clasifica al delincuente venezolano en 2 tipos: el clásico, joven que busca reconocimiento con la maldad; y aquel que por circunstancias de ambiente y problemas familiares, no obtiene éxito en los estudios y comienza a delinquir


Nayarith Gutiérrez

  
  Para Alejandro Moreno la idea es defender aquello que contribuye a la convivencia, a la paz y al progreso en humanidad.
Foto: Jesse Hernández Luzardo

Mientras el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) registró 17 mil 600 asesinatos en todo el país en 2010. El ministro de Interior y Justicia, Tareck El Aissami, refutó la cifra y dio la versión oficial: 10 mil 421 muertes violentas en nueve regiones. Pero admitió que superaba el promedio de homicidios en América Latina y que es el principal problema que afecta a los ciudadanos en Venezuela. 


Alejandro Moreno Olmedo, psicólogo y doctor en Ciencias Sociales de amplia trayectoria en investigación sobre pobreza a través en el Centro de Investigaciones Populares (CIP), asegura que los venezolanos están entrando en el proceso en el que la violencia les parece natural. Según el investigador, el peligro radica en que nos acostumbremos a vivir con la violencia.


“Es terrible que perdamos la sensibilidad ante la cotidianidad de la violencia, por la cotidianidad en la que estamos metidos, y entonces la sociedad se acostumbra a la violencia, encuentra sus formas de protegerse, coloca alarmas, se encierran temprano en sus casas, cambia sus costumbres y la sociedad incorpora esa forma de vida como algo normal. Todavía no ha sucedido, pero corremos el riesgo de acostumbrarnos a la violencia si el Estado no la controla, no la revierte”, sentencia el autor del libro “Y salimos a matar gente”, investigación sobre el delincuente venezolano violento de origen popular.


Para Moreno, el Estado es el primero que debe controlar la violencia del país. Los países donde no hay violencia -dice- son aquellos que están organizados y comprometidos, independientemente de que tengan sistemas democráticos o dictatoriales.


“La gente piensa que en Venezuela tenemos muchos delincuentes, tenemos el número que porcentualmente suele haber en todas las sociedad de personas psicopáticas, con tendencia a delinquir. Lo que pasa es que en el país nadie las controla y tienen todos los medios para desarrollar sus posibilidades de violencia”, sentencia.


El profesor jubilado de la Universidad de Carabobo afirma que en los países organizados y estados funcionales, los delincuentes no tienen los medios, pues la sociedad los controla, hay una policía adecuada preventiva, no represiva y las personas que manifiestan conductas inadecuadas las encaminan a temprana edad.

El delincuente venezolano


Partiendo de los principales hallazgos de su investigación presentada en el libro “Y salimos a matar a la gente”, Moreno distingue dos tipos de delincuente: el que cae en el esquema clásico, cuya personalidad está formada desde muy temprana edad, a partir de una relación muy dañada con la figura materna, una necesidad de reconocimiento que se va logrando a medida que se impone con violencia ante los demás, ya que de otra forma no logra ser reconocido.


El otro delincuente -según Moreno- es aquel que no tiene el perfil anterior, sino que por las circunstancias de ambiente, compañeros, problemas familiares en la adolescencia y por sentirse incomprendido, no obtiene éxitos en los estudios, lo desvían, le hacen caer en los grupos desadaptados y comienza a delinquir. 


Asegura que este tipo de delincuente, a diferencia del otro, a la larga puede regenerarse y reinsertarse en la sociedad. Pero aclara que -sin caer en la diatriba política- habría que preguntarse si el Presidente de la República se da cuenta de lo que hace. 


“No estoy de acuerdo con cómo el mandatario nacional modela en sus intervenciones públicas, ‘como tengo poder hago lo que quiero, así no sea bueno’. En consecuencia, el proceso que se modela es que la persona que tiene poder hace lo que quiere. El malandro se siente con poder cuando porta una pistola y por eso atraca, mata, roba y comete una serie de hecho tipificados como delitos, viola las normas y las leyes”, revela.

¿Y los valores cómo quedan?


El destacado investigador de la cultura popular, considera que no se debe hablar precisamente de pérdida de valores de la sociedad venezolana, puesto que los jóvenes en todos los tiempos y en todas las sociedades siempre han tratado de desvalorizar algunas cosas que vienen del pasado y valorizar lo que a ellos les parece nuevo. “Es propio de los jóvenes”, dice.


“Los valores cambian y las sociedades cambian, el problema se da cuando cambian valores relacionados con la sobrevivencia de todos. Eso no está ocurriendo en Venezuela, hay grupos que nunca han tenido esos valores, y los delincuentes nunca han tenido los valores de preservación que tiene la sociedad, por eso son peligrosos”, agrega.


Explica que el valor rige la conducta y para los delincuentes puede ser un valor la cantidad de personas que haya matado y asoma una sentencia absolutamente espeluznante: “Al malandro, matar le da prestigio y mata en cualquier momento”.


Advierte que siempre han existido grupos asociales y desviados dentro de la sociedad, pero que ello no implica que el resto de la sociedad esté perdiendo sus valores. “Lo importante es que permanezca la valoración de aquello que contribuye a la sobrevivencia, convivencia, a la paz y al progreso de las personas. Eso es lo que necesita Venezuela y la humanidad”.

Familia, educación y medios masivos


Moreno asegura que la relación familia-educación es muy estrecha. “Quien verdaderamente educa es la familia y la escuela refuerza, en algunos casos, la conducta posterior a la vida, en otros, la escuela suplirá cosas que en la familia no se dieron”, comenta.


Explica Moreno que la figura de la madre en Venezuela es única del núcleo familiar, no hay otra que la supla. “La madre aunque tenga que salir a trabajar sabe a quién delegar el cuidado de sus hijos”, dice.


Cree que los medios de comunicación, excepto en momentos críticos de la sociedad, no tienen la influencia que se les asigna, porque la gente sabe procesar la información. “Por ejemplo, en tiempos del nazismo, la radio produjo un efecto enorme, porque la sociedad estaba preparada para que eso sucediera. Los medios nuestros actuales tienen un efecto muy difícil de medir, no hay acuerdo entre los investigadores al respecto, pero ese efecto surtirá en aquellos que tienen mayor disposición a recibirlo, bien sea positivo o negativo”, explica.

Pobreza institucional


Al referirse al tema de las carencias, Moreno dijo que Venezuela tiene una “pobreza institucional” y de organización, que se traduce en pobreza del Estado. “No hay razones económicas para que ese tema no esté solucionado. Lo mismo podríamos decir de la educación y la seguridad. Por eso, se tendría que hablar de la pobreza de la sociedad venezolana, representada por un Estado que es pobre en organización, en planificación y en ejecución; esa pobreza repercute en todo”, afirma.
Destaca, entre las principales carencias de la nación,  un sistema de salud que llegue a todos los ciudadanos, que sea eficiente y atienda las principales enfermedades y favorezca el sano desarrollo de los niños. A juicio de Moreno, solo un sector de la población puede satisfacer estas carencias, mientras que el otro menos favorecido necesita que el Estado las garantice.


“La gran pobreza del país es el compromiso con los demás, de quienes tienen el deber de dirigir y organizar para el bien de todos.  Tenemos un Estado que por un lado parece muy fuerte, pero en la práctica nadie ejecuta lo que aparenta y lo que tenemos es un gran desorden”, agregó.





Última actualización ( 11-02-2011 a las 12:32:59 )
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