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"La universidad siempre será una institución política" PDF Imprimir Correo
04-02-2011 a las 15:52:40

A sus 67 años, Neuro Villalobos, ex rector de LUZ, sigue activo en la labor universitaria. Ha pasado por todos los ámbitos de la actividad en LUZ. Su opinión resulta esencial  para descifrar el rumbo que debe tomar la universidad de cara a una verdadera transformación


Roberto Torres Luzardo

 

  
Para Neuro Villalobos, la universidad sigue siendo una fuerza moral histórica, por los aportes que ha venido realizando.
Foto: Jesse Hernández

 

Cae la noche sobre Maracaibo, pero el ajetreo en el piso 11 de la Sede Rectoral de LUZ no cesa. Entre el apuro de secretarias que corren a sacar fotocopias, la Sala Situacional para la creación de una nueva Ley de Universidades debate sobre cuáles deben ser los principios fundamentales del texto. Neuro Villalobos –académico, miembro de esta comisión y ex rector de LUZ de 1996 al 2000– se toma unos minutos para exponer sus visiones sobre cómo su alma máter puede transformarse. 


En la tranquilidad de una oficina solitaria, se sienta –por instinto– detrás del escritorio y entrelaza los dedos sobre la mesa. De impecable traje y cabello plateado, no parece que hayan transcurrido 12 años desde que dejó la oficina de Rectoría. Con una prosa constante y acelerada, van emanando ideas, conceptos y opiniones, a veces controversiales.


Dice, por ejemplo, que no está de acuerdo con el voto paritario. “La función esencial de la universidad es la academia, y es ahí donde debería estar la mayor responsabilidad para la elección”. Cree en una universidad autónoma en el sentido real. “Debe ser el espacio necesario para el desarrollo de la libertad del individuo, la libertad académica y la libertad de cátedra”. Expresa la necesidad de una universidad plural. “La universidad es descubrir en vez de cubrir, con mantos ideológicos, visiones con las que otras personas no estén de acuerdo”.


El contexto histórico en el que le tocó dirigir a la Universidad del Zulia fue clave para entender el devenir nacional de nuestros tiempos, y así lo asevera. “Del 1996 al 2000, yo pasé como rector de LUZ los dos últimos años del presidente Caldera y los dos primeros años del presidente que actualmente tenemos. Eran dos visiones contrapuestas de lo que debería ser el Estado”. 


El plan de desarrollo estratégico de LUZ –en el que se establecieron 10 programas con 56 proyectos estratégicos para consolidar una visión de universidad– recibió la aprobación del Consejo Universitario durante su gestión. El objetivo era plasmar el espíritu de los nuevos tiempos, el avance de las tecnologías y planificar los cambios necesarios en LUZ. “Ahí hay una visión de lo que debe ser la universidad del futuro”, explica.


Mientras gesticula para hacer énfasis sobre las bondades del plan estratégico que propuso, su brillante anillo rosáceo –del color de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales– resplandece bajo las luces fluorescentes. Con toda su sapiencia universitaria –recogida como estudiante, empleado, docente y autoridad de LUZ– se pone a disposición de quien lo interroga para ofrecer su opinión sobre la universidad que lo vio desarrollarse y la universidad que quisiera ver.

Ha transcurrido 11 años desde su gestión. En este momento, ¿cual es su evaluación sobre la labor que en este momento cumple la universidad?


–Siendo autocrítico, creo que la universidad está muy hacia dentro de sus límites. Está desconectada del entorno y los problemas que agobian a la sociedad. Especialmente en estos últimos años, en los que hemos visto un proceso de destrucción de la vida nacional y la universidad ha tenido escasa manifestación para orientar a la sociedad –tal como plantea la Ley de Universidades de 1970– en áreas como salud, economía y educación. Pero lo importante es que sigue siendo una fuerza moral histórica, por el hecho de ser una institución milenaria -la nuestra, centenaria- que ha hecho aportes fundamentales en la vida del estado. La sociedad no olvida eso. Poniendo en una balanza lo que las universidades han sido y son, el balance es muy favorable, incluso por encima de otras instituciones del país.

¿Cuál es el concepto de “autonomía” para Neuro Villalobos?

– La Ley de Universidades de 1970 define y clasifica muy bien la autonomía universitaria. En mi definición particular, creo que es garantizar el medio ambiente necesario para el ejercicio de la libertad en la universidad, lo cual es fundamental para producir el conocimiento y para la formación de la personalidad de los estudiantes. Esa autonomía permite que cada quién determine cuál será su concepción del mundo y que no se le imponga una. La autonomía es, también, organizativa y administrativa, en el sentido de que la universidad debe organizarse a sí misma de la mejor manera y poner sus propias normativas para funcionar. La autonomía no puede llevar adjetivos. Algunos hablan de una autonomía responsable, pero desde que la universidad asume la autonomía lo hace con responsabilidad. Entonces no la califiquemos: definámosla en sus justos términos.

¿Cómo logramos, desde la universidad, que la investigación se conecte con las necesidades del país? ¿Hace falta trabajar más en esto?

– Lamentablemente la investigación se ha venido realizando en función de hacer aportes al conocimiento universal y buscar reconocimientos a la labor del profesor, más que solucionar los problemas de la sociedad. Hay que buscar un equilibrio: no toda la investigación debe ser utilitaria y resolver problemas sociales, pero necesariamente debe haber algún tipo de investigación que ayude a solventar problemas. Apuesto por un balance en el proceso de creación de conocimientos.

Con respecto al rol político de la universidad y la práctica de la política dentro de ella, ¿cuál es el deber ser en una institución transformada?

  
  Neuro Villalobos: “Tenemos que analizar cuál es el rol que cada quién desempeña en la universidad”.
Foto: Jesse Hernández

– ¿Me hablas del deber ser, no de lo que ha sido ni lo que es?

Sí.

–La universidad siempre será una institución política. Una institución como la universidad, donde se enseña y se discuten todas las corrientes del pensamiento no puede ser ajena a la política, siempre que sea bien entendida. Como la pensaba Sócrates: “Principio y fin de la ética”. Es decir, la política, como una expresión de la condición ética de los individuos. Evidentemente no podrá nunca despojarse la universidad de la política. Sin embargo, distinto es que los dirigentes o partidos quieran apropiarse de la universidad con fines no justamente éticos… digámoslo así, para no crearle erupciones en la piel a cierta gente. Si la política la vaciamos de contenido ético, eso no puede estar en la universidad. Política con contenido ético... eso es la universidad.

¿Cómo buscar la mejor interacción posible entre la universidad y su entorno?

–A mí no me gusta hablar sobre mi período como rector, sino que dejo que otros lo juzguen, pero yo me preocupé mucho porque LUZ se vinculara con su entorno. Nosotros creamos iniciativas como el Centro de Procesamiento Cárnico, Centro de Procesamiento Láctico, Parque Tecnológico Universitario y Oleoluz como una posibilidad de darle fortaleza a los procesos de investigación aplicada y solucionar problemas, con participación del sector privado y el Estado. Es necesaria la vinculación de la universidad con esos sectores. Claro, la relación de la universidad con el Estado siempre ha sido difícil, pero tiene que ser de cooperación y corresponsabilidad. Con el sector productivo tampoco es fácil porque tienen una visión muy pragmática, pero buscamos que se generaran nuevos productos y que ellos hicieran inversiones según su criterio de costo-ganancia. Las relaciones son posibles, y eso fue lo que intentamos.

Ha afirmado no estar de acuerdo con el voto paritario ni voto para empleados y obreros. ¿Cuál es la solución al esquema que tenemos, el cual -según voces- necesita una revisión urgente?

–Hay que entender que lo esencial en la universidad es la academia, y quienes la dirigen son el personal docente y de investigación. Hay una participación de los estudiantes, pero ellos son pasajeros, transitorios. Los profesores somos más permanentes. Ahora se asoma otro ingrediente, que es la participación de obreros y empleados. Mi posición personal es que eso no tiene nada que ver con el concepto de democracia ni autonomía. Tenemos que analizar cuál es el rol que cada quien desempeña en la universidad. Es interesante ver cómo todos quieren participar en las elecciones, pero ¿cómo se hace para seleccionar a la dirigencia de los sindicatos? No podemos perder de vista que la función esencial de la universidad es la academia, y es ahí donde debería estar la mayor responsabilidad para esa elección. Creo que el país está exigiendo que el liderazgo le hable con franqueza, y no volver al populismo ni a la demagogia. Le haría mucho daño a la universidad si el concepto de democracia no se precisa.

Ya que hablamos del liderazgo, estas fueron sus palabras en una entrevista del semanario La Universidad del Zulia en septiembre de 2000, como rector saliente: “Se requiere un liderazgo visionario y decidido, ya que las nuevas realidades del país deben ser consideradas para generar cambios de actitudes y posiciones”. Ese liderazgo del que hablaba, ¿hacia dónde debe llevar a la universidad transformada?

–Si la universidad se ha mantenido milenaria, es porque indudablemente hay principios indeclinables en ella. Los países que se han desarrollado lo han hecho porque le han prestado atención a la educación, la ciencia y la tecnología. La universidad transformada debe preocuparse por el proceso de formación de todos los que en ella hacen vida, no sólo profesores y estudiantes. Es necesario que la universidad sea cada vez más productiva, y que su función académica tenga los elementos de excelencia que nos propusimos. Es lo que verdaderamente puede transformar a la universidad, y –a su vez– ella pueda ransformar al país.

 

París, 1998


Hace 12 años y tanto, representantes de unos cien países se congregaron en la sede de la Unesco, en París, para disertar en torno a las exigencias de la educación en los albores del siglo que estaba por nacer. La Conferencia Internacional sobre la Educación Superior de la UNESCO, celebrada en octubre de 1998, produjo un histórico documento de 14 páginas que hasta este día es referencia obligada cuando se habla de la universidad necesaria. Neuro Villalobos, como rector de LUZ en el momento, tuvo el privilegio de asistir al evento. 


“En lo personal, fue una experiencia única. Primero porque ya venía con inquietudes sobre transformación y trascendencia de la universidad desde que fui vicerrector administrativo. Fue impactante ver a más de 100 países representados en un debate de cuatro días, en el que no hubo aspecto de la vida universitaria que no se tocara: desarrollo del mundo científico, proceso de formación, admisión estudiantil, relación de la universidad con el entorno… todo”, explica Villalobos.
Para el ex rector, el ambiente de discusión que se propició en la conferencia validó muchas de sus inquietudes, al tiempo que incorporó visiones claves sobre la dirección que la universidad debe tomar. “Hay que volver las miradas hacia ese documento porque los retos y desafíos que se plantearon en ese momento siguen vigentes. En el caso de la universidad venezolana, todavía más. Esto no es la visión de un imperio. Lo que está ahí plasmado es la visión de ciento y tanto países que, en su mayoría, atravesamos los mismos problemas”.


 





Última actualización ( 04-02-2011 a las 16:04:10 )
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